sin ti, no puedo ser feliz.
pero contigo, no puedo ser libre.

jueves, 26 de junio de 2014

lunedi.

  Nunca pensé que hiciera falta ser superhéroe para realizar cosas increíbles. Y es qué, ustedes, quizá no me entiendan, puesto que no la han visto cómo la he visto yo, ni la habrán tratado como lo he hecho yo. Pero incluso así, se qué con las palabras adecuadas serían capaces de hacerse una idea. Pero sólo una diminuta idea. Porqué como ya sabrán, un ciego nunca podrá imaginar el mar en toda su inmensidad. Quizá pueda imaginarlo, con un poco de sal, al tocar la arena, al sentir el Sol en su rostro. Pero nunca será capaz de entenderlo, como lo entendemos nosotros.

  Y es qué, quizá podrán ver fotos, e imaginarse regodeándose entre sus vecinos neoyorkinos, paseando por Central Park, o enamorándose de cada una de las tiendas que encontrarán en la 'pequeña' isla de Manhattan. Pero nunca podrán sentir lo mismo que si estuvieran allí, compartiendo inviernos y hojas otoñales con ella, con un chocolate caliente y un gorro de lana que da significado a los estereotipos de invierno. Qué quizá les suene clásico, chocolate, invierno, hojas, y un gran parque. Pero es ella la qué hará que todo sea distinto. Ya no será nieve lo qué caiga, si no excusas para buscarla. Ya no será chocolate lo que beban, si no excusas para robarle algo de los labios. Para hacerla reír. Porque lo mejor qué podrían hacer, es hacerla reír. 

  Y es qué su risa no es de este mundo, y quizá de ningún otro. Quizá habrán sentido el escalofrío de sentir caer el rocío convertido en escarcha por su espalda en alguna mañana de invierno. O quizá no. Pero seguro qué habrán visto el cielo de un pueblo de montaña, despejado, de noche, lleno de estrellas. O habrán visto los ojos de una madre cuándo su hijo anda por primera vez, llenos de ilusión, llenos de luz. O porqué no, quizá ustedes sean afortunados, y habrán sentido cómo se les erizaba la piel cuándo cumplían un sueño, cuándo veían en directo a su artista favorito, o cuándo después de una vida de estudios y lucha, les contrataban en esa empresa qué tanto habían esperando. ¿Pues saben qué? Creo qué ni juntando todas estas emociones juntas, serían capaces de hacerse una idea de su risa. Pocos la hemos oído reír con franqueza, pero todos sabemos que es como sumergirse en una cascada en un día de verano, y salir del agua húmedo y fresco, para comerse un helado de chocolate, con virutas de galleta, o de su sabor favorito, también se los permito. Si alguna vez la ven por la calle, no le pidan un autógrafo, una foto, o una cita. Pídanle una risa, háganme caso.


  Y aún quedan por mencionar mis hazañas, qué si para algo he venido aquí a hablarles, es para regodearme, o más bien, regodear por ella, puesto que en su infinita modestia, ella nunca lo haría. He de empezar por su medida, puesto que el corazón me lo pide. Qué en su metro sesenta, esconde más misterios por centímetro cuadrado qué arena cabe en un desierto, y cada día se levanta con unos cuántos nuevos, deseando ser resueltos. Y por no hablar de la complejidad de sus palabras, sus frases trampa, y sus maneras de hacer perder los nervios al santo más paciente. Claro qué, con todo su encanto, puede hacer que la paciencia vuelva tan rápido como una ave migratoria vuelve a buscar a sus crías. Y lo mejor de todo es qué, aun con todo, ¡Yo he conseguido medirla! Mis cálculos son inexactos, puesto qué la ciencia no es aplicable a ella, pero aproximo que su espalda mide 11 besos, su cuello 2 mordiscos y un cuarto, su cadera no pasará de medio poema. Y bueno, les hablaría de sus piernas, pero sería mostrar una información demasiado íntima a un público demasiado morboso. Puedo seguir hablando de la cantidad de logaritmos que tuve que usar para calcular el arco de su espalda, aunque no me juzguen, entre tanto gemido y piel de gallina, es muy difícil de trabajar. Aún así, he sido capaz de encajar en su espalda y comprobar qué eso de 'dormir haciendo la cuchara' es una expresión muy vulgar de referirse a soñar despierto. Hablando siempre de ella, claro está, puesto que con las demás todo se vuelve mucho más vulgar. Claro está, qué no todo han sido proezas y victorias, he de ser humilde. Nunca he podido crear una métrica que supiese ceñirse a su andar, a sus quejas, o a sus rabietas incoloras. Tampoco he sabido dibujar en monocromo una tez tan nítida, ni he sabido plasmar en palabras la mitad de un cuarto de su imagen. Pero entiendame. Ésto es sólo un pequeño ensayo, un artículo de opinión, un artículo meramente informativo. Y ella es una musa. Necesitaría un poemario y medio y apenas llegaría a las primeras horas de desayuno. Así que tengan paciencia.