sin ti, no puedo ser feliz.
pero contigo, no puedo ser libre.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Tiempo.

estamos cavando nuestra propia tumba,
tirando palas y palas de futuro,
cómo si nos sobrara el tiempo,
cómo si su aliento
no nos quemara la nuca,
cómo si tenerte lejos no fuera sentir
que nos estamos perdiendo
en mapas distintos,
y así a ver quién tiene cojones de encontrarse.

el insomne que sabe a poco a cualquiera,
con ojeras de atrezzo y demasiadas dudas
como para saciarlas todas,
como para responderlas todas,
porque con la garganta seca
y el sabor a sangre,
nunca se puede responder objetivamente.

busco la palabra perfecta
en el momento inadecuado,
y siempre me pilla tu ausencia,
subiendo a un Taxi,
o bajando por las Ramblas,
mientras los músicos me analizan,
y me recriminan con sus acordes,
como un cobarde que huye de la música,
y de sus propios gritos,
con unos cascos a demasiados decibelios,
y susurran con los ojos,
que por más que corra,
los recuerdos siempre serán más rápidos.

sigo ronco,
pero ya sabes que no es novedad,
el celofán no mantiene ya mi estructura,
y la mecánica cuántica,
y la tónica esdrújula,
siguen borrachas en la acera,
vomitando sus penas,
evacuando el edificio y sus alrededores,
porque cuando hay derrumbes,
lo mejor es alejarse de todos
para minimizar los daños.

quizá por eso la soledad pactada,
pero no escogida,
y los acordes tristes sobre grises pastel,
en mosaicos incompletos
con colores sin pupila,
porque no soportaría
que todos estuviesen mirándome,
mientras hago recuento de bajas,
amputaciones y heridos,
avergonzadome de los destrozos
de mis momentos de caída.

la ducha está tibia.
y escribir
siempre será como desnudar al alma,
pero sin música.
quizá por eso siempre intente,
tapar a este esqueleto,
con sonrisas de papel,
y aviones de marfil.
no vaya a ser que me pillen desnudandome,
en medio de un derrumbe.

he preparado cal para la fachada,
a ver si cuadro mejor la sonrisa,
y no se me tuerce siempre a la derecha,
como un caballo con las riendas mal puestas
que nunca se deja domar.
los médicos ya me han dado por perdido,
y mis horas de sueño están demasiado lejos,
como para apagar estas palabras rotas,
que se están extinguiendo.

todas mis estúpidas manías acababan teniendo
alguna explicación coherente.
y tú me preguntabas con los ojos de una niña,
el porqué nunca camisa,
para la hora de dormir.
será porque el frío quema,
y cuándo te quemas te sientes vivo.
y si amanezco como un muerto,
mejor quemarme entero,
cuándo me tenga que despertar.

domingo, 19 de octubre de 2014

Miedo.

Siempre fumando,
buscando igualar el vaho de las ventanas,
las nubes de las mañanas,
o las oes que formaban tus ojeras,
entre rejas,
siempre entre rejas.

Vendimos nuestra libertad a un sentimiento caprichoso,
y vinimos a sentir el vértigo,
a mitad de la caida.
Se nos quemaron las alas,
por besarnos demasiado cerca,
y la Luna no quiso enfriar las sábanas,
que unían nuestras palabras.
Y se nos olvidó volar.

Fue bonito creer,
fue bonito.
Siempre tuvimos huecos en nuestras manos,
y grietas en nuestros muros,
y llenábamos los huecos,
y tapiábamos los muros,
y saltábamos los charcos de discusiones,
como no queriendo hacer caso a las salpicaduras,
como si las heridas no fueran a escocer cuando se abriesen.

Tuve miedo de naufragar en una playa,
demasiada alejada de la humanidad,
como para no sentir algo,
porque siempre fue peor no sentir nada.
Tuve miedo de ir demasiado lejos,
de dejarme demasiada piel,
y de saber,
que no volvería a ser el que era.
Tuve miedo de no ser lo suficiente,
de que este saco de ojeras,
tuviese que llenar más vasos
de los que había en el bar.
Tuve miedo de que me sacases,
como a la basura,
de esta vida de palabras, insomnios,
y descartes.
Tuve miedo de perderme para encontrarme,
y no encontrarte a ti,
Tuve miedo,
y supongo que ese fue mi peor error.

Porque el miedo no se disuelve en el amor,
y siempre queda en la superficie.
Y nadie se enamora de un corazón,

que sólo tiene miedo.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Máscara.

somos mapas de recuerdos
con las cicatrices marcando el lugar,
donde escondemos
las caídas,
y los defectos.
que aquí todos tenemos grietas,
y somos equilibristas
de nuestros cimientos.
y no por ello,
dejamos de caer,
en la rutina,
de los remordimientos.
tengo un rompecabezas,
en mi lado oscuro del corazón,
y no se mover fichas,
a ciegas,
ese mosaico monocromático,
no me aleja,
de mi escala de grises,
y nieblas,
y entiendo, que mis tablas,
se pudran entre horas,
y olas sin espuma,
esperando a un aliento,
que se escapa,
como el humo del cenicero
tras la bruma.

la incontinencia de la rabia,
en jaulas de gritos,
y nudillos inflamados,
con el insomnio,
jugando al escondite ,
entre mis párpados,
y una lluvia,
que se escurre entre nuestros cuerpos,
escuálidos.
mirándonos,
como un tren que se aleja,
de un andén que ya no espera,
cómo una decisión que no se toma,
por culpa del canto de una moneda.
la indecisión de la huida,
y las palabras pasajeras,
buscando salida
a mis humedades
y mis mierdas.

ha llovido mucho,
desde que me fui de mis goteras,
y el Sol está apagado,
o fuera de cobertura,
se que no se secará
está cara demacrada,
y que las ojeras hablarán,
lo que no hablan las palabras.

pero es de noche,
no hay huecos fríos entre mis dedos,
con las manos vendadas,
no puedo tocar tu perfil,
ni en sueños.

estoy enfermo de mi,
y aún cuesta comprender
que no me vas a curar,
enfermo crónico del por venir,
intentando ser tormenta,
siendo una mera gota,
en medio del mar.
tengo desgastadas
las frases de motivación,
y todas esas hipocresías,
como si mis neuras,
se fueran a ir a dormir,
por unos cuantos tequilas.
pero al menos se,
que no me pienso morir.
porque amores que matan nunca mueren.

miércoles, 30 de julio de 2014

Diálogo de una noche de verano.

Como Shakespeare.

(entrada de mi semiautoria
la otra mitad no es mía.)

Poeta: Hoy he hecho limpieza de conciencia,
de errores en morteros de cocina,
y de recuerdos de hamaca,
en madrugadas del trópico de tu ombligo,
y aún estoy tiritando tras el desgarro.
quizá tú, médica entre médicas, licenciada en cicatrices voraces y bobaliconas,
tengas un hilo de plata para las heridas de este hombre lobo.

Musa: Tengo una ramita de algodón de azúcar,una perla negra que se sabe preciosa y el suspiro de un pájaro antes de morir.

Poeta: ¿Y por qué no tienes,
la cuna del Mundo,
la conquista de Troya sin caballo,
y el rastro de la Luna
entre las fases de tus lunares
plutonicos y platónicos,
de diseño minimalista,
como la casa de Sonrisa,
que enjaulamos el verano pasado?

Musa: Porque la banda sonora que quisimos hacer no quiso aspirar a algo más que el tic-tac del reloj y debes entender que no todos los dragones son malos ni todos los vuelos son por el aire.

Poeta: Después de matar al demonio,
del desfiladero de tus labios,
no me vengas a enseñar que no todos los vuelos son por el aire,
porque ya hemos volado Tierras, Júpiters y Saturnos, desde el salón de tus padres,
con "Bailar pegados " haciéndome los coros,
y con el cianurico reto,
de besarte de más,
para echarte de menos.

Musa: Después de andar tanto que no se si hoy es hoy o es mañana y de levantarme cada mañana deseando que fuera ayer no me creo ni la existencia del tiempo porque si algo debemos saber todos es que probablemente no exista porque no puede ser tan rápido a traición y tan lento y cabrón.

Poeta: El tiempo tiene tiempo para ser rápido a traición, y lento a cabrón,
como tú tienes verso,
para ser literatura a epilogos,
o cine a micrometrajes,
sin anillos de casada,
pero con costumbres de aguja.
No reclames reclamos de reclamación al tiempo, si esos dientes de seda,
y esa manía de nube,
son un abuso a toda la población de la no Luna.

Musa: Contradigo diciendo que no es el final,que hay cosas que no prenden pero que brillan por su presencia, y un don tienen los sonidos pero más tiene el olor de un abrazo que estrecha y que contagia cómo el efecto mariposa,que llega hasta la no-Luna y el no-contradictorio final que era el principio

Poeta: Contraescribo callando perpendiculares de idea y de sentimiento,
por las luces apagadas que hacen reflejos en el chapoteo de la niña,
que escondes en el hueco blanquiazul de la mejilla derecha,
de la tercera cara,
que pones al ver al Sol resucitar,
entrelazado a tus no-rizos,
en una mañana de no-Lunes y no-Domingo de tus pisadas,
que cada día son más de astronauta.

Musa: Amor de la niña de ese hueco,amor de niño por llegar a casa a la hora de su serie favorita, amor de un anciano a su banco desde donde ve la película de su vida,libertad de imaginar cómo serian las cosas si tuvieras al destino atado a la correa,consciente de que podrías haber sido más o menos de lo que eres,miras los caminos que los perros de tres cabezas no te dejan cruzar y piensas que ojalá fuera tan fácil como respirar.

Poeta: Tú licencia para hablar de ti se renovó de repente,
y me asaltó como un asesino en serie,
que pisotea los charcos de Londres para darle a su víctima una señal,
de que la muerte viene y es opcional,
salir corriendo o quedarse a enamorarse,
de las mareas y las avalanchas,
y de las violaceas,
las mañanas,
los "vuelve que tengo frío"
y los chupitos de fuego,
que tienes entre ojo y ojo,
y entre sueño y sueño.
Tú licencia para hablar de ti se renovó.
Y es que quién mejor para hablar de ti.
Y es que quien mejor para hablar de amor.

jueves, 24 de julio de 2014

El mundo es hueco.

el mundo es hueco.
metanoia.
la noche es larga.
cuanto más larga la noche,
más muertas están las almas.
el mundo es hueco.
tronco hueco.
hojas huecas que arden sin cenizas.
ramas rotas,
cicatrices.
el mundo es hueco.
mar quieto y muerto.
sin corriente de olas,
sin gente corriente.
el mundo es hueco.
dientes rotos y alcohol barato.
tan barato como yo.
y tan nocivo como tú.
el mundo es hueco.
música sin eco,
eco sin música,
vacío, vísceras, arcadas,
vomitar mariposas en el post-amor,
vomitar tus mentiras en el post-engaño.
el mundo es hueco.
saco de huesos,
basura hedionda,
irrealidad, mentiras.
el mundo es hueco.
vida vacia, vida de ego,
vida partida sin un hasta luego.
vida sin vida, muerto en la vida,
vida sin ti, vida sin despedida.
sangre sin vida, vida sin sangre.
vida sin ti para el homicida.
el mundo es hueco.
el mundo es mentira.
el mundo no es mundo.
desde tu partida.
el mundo es hueco.
tú eres el pronombre ella.
yo soy un juguete.
que no participa en la partida.
el mundo es hueco.
mi aorta es sangre.
y mi vida no es vida.

jueves, 17 de julio de 2014

Restos. Cuarta parte.

pues
tienes mil cosas
que sin ser cosas
son las cosas más valiosas
que cualquier imbécil podría querer tener en su vida.
tienes en los ojos
la ilusión
de un paracaidista
que se quiere lanzar a un vacío
que soy yo.
tienes en los ojos
la risa de una niña con pasamontañas
para atracar a cualquiera que no quiera dejarse
engatusar
por tus estúpidas palabras.
tienes en los ojos
a una estrella fugaz
que corre y recorre la constelación de tus porqués y tus acentos
agudos
una y otra vez
queriendo construir un castillo
entre mis ruinas.
y joder, eso de que quieras
llover sobre mi lluvia
derruirte sobre mis ruinas
y sangrar en mis heridas
es como querer salvarme de la muerte
sólo que con unos cuantos
mechones turbios
y varios imbéciles de más.
tienes en los ojos
un sistema solar a escala 1:55
y en cada planeta
descansa una inseguridad
esperando a ser destruida
por una letra
una carta
un abrazo
o una calle quemada.
por hacer la de Nerón
y quemar las aceras
si con eso consigo
que te quieras, más,
de lo que yo te quiero.
tienes en los ojos
palabras con las que construir
escaleras de arquitecto
cartas de marine
despedidas de trinchera
poemas de poeta muerto
y muerte para poetas vivos.
y con tus ojos
y algunas piezas, pinturas,
y mordiscos
(donde tú quieras)
se puede volver a construir
las 7 vidas de un gato
engatusado por ti.

martes, 15 de julio de 2014

Restos. Tercera parte.

Que risa me da,
la puta Torre Eiffel,
cuando hace gárgaras con agua y miel, deprimida y borracha,
por eso de que no le llega,
ni a los talones,
de los 20 escalones de tu espalda.
Mi barba de 3 días es una desfachatez para el arte,
si se, qué tú no estarás ahí, para pincharte con el beso de buenos días. Ni para el del desayuno. Ni con el café. Ni con la comida. Ni con la siesta. Ni si quiera con el que te haces un ovillo y ríes.
Porque en eso de reírte, como una idiota, no tienes competidora.
Me castigo, por mi desfachatez,
por mi barba, por mis tres días sin verte, y mis tres realidades sin soñarte, y se torna cruel,
la realidad teñida,
en papel mojado,
en rosa palido,
en besos que no he dado,
en una cama,
llena de planes.
Cuando las matemáticas, nos fallaron,
y vimos que, sumando uno,
más tú, sólo dabas tú,
entendí que, sea quien sea yo,
no soy más que lo que tú eres.
O lo que soy, cuando estoy contigo.
Cuando las matemáticas nos fallaron, y vimos, que la mitad de uno, son dos personas buscándose,
entendí que era drogodependiente de la risa que te provoca verme,
manchado de harina,
intentando conseguirte algo,
tan dulce,
como tu boca.
Cuando las matemáticas nos fallaron, entendí que,
era hora, de hacer planes.
Planeamos el asesinato del rey,
del peón, sin jaque,
enamorado de la reina.
Y del alfil que sólo sabía ir recto,
hacia ti. Hacía tu boca.
Planeamos, nuestra muerte,
con la máscara de oro, las lágrimas inertes,
y una historia tan bonita que se contaría en novelas,
que ni Shakespeare se atrevería,
a escribir.
Y entre plan y plan,
se nos colaron sentimientos,
y detalles,
que no figuraban en el mapa.
Me dabas más besos,
que los que el contrato estipulaba. Y venías a verme,
hasta en tus horas libres.
Siempre disfrazada de superhéroe,
a sabiendas, de que conmigo,
no podías esconder,
tus miedos,
tus caprichos,
tus planos,
y tus curvas.
Cuando las matemáticas nos fallaron, y las parábolas no encontraron una trayectoria parecida,
a la de tu culo,
recién levantado,
caminando por el pasillo,
con resaca,
entendí que me estabas dando los planos de tu fortaleza.
Pasamos de follar,
a dormir, haciendo la cuchara,
como dos enamorados que se niegan a enamorarse. Y entendí,
que a partir de entonces,
no habría más presente,
que una máquina de recuerdos.
Constante, afilada, y dulce.
Como tú.
Entre calas, calos, y las tardes,
de broncas, con tu madre,
de broncas, con mi hermano,
buscando un mundo aparte,
donde la vida,
fuera menos puta,
donde el aire,
fuera menos insano, y más respirable,
encontramos un lugar aparte,
alejado del humo,
las mentiras,
la peña y los errores.
Nos encontramos a nosotros,
paseando de la mano,
en la playa,
de tus sabanas,
con una mano,
en la periferia de tu culo,
y un "joder, que bien que sabes hacerme, nena ", constante en la boca.
Ahora, se, que eras la positividad del polo negativo,
de la pila que hace tictac,
en un sitio que algunos llaman corazón.
Tú, por llevar la contraria, le pusiste un cartel. Que decía, "mi habitación."

lunes, 14 de julio de 2014

Restos. Segunda parte.

Siempre te pedí inicios, porque después de ti,
nunca supe mantener el pulso.
Como cuándo se empieza el curso escolar, solo que
a ti te comienzo todos los días.
Que bonita la nostalgia cuando me habla de ti,
viene tímida, con vergüenza, a sabiendas de que por más palabras que diga,
no podrá acercarse ni al perfil
de tus pequeñeces.
Se viste de traje, de corbata, de valiente, de viajante,
de Luna que rueda de azotea en azotea, de mañana distante, de olor a chocolate,
de abrazo sin beso, de beso sin labios, de labios sin ti.
Y el hueco que tú dejas, es lo que me hace decidir,
que por más que se disfrace la nostalgia,
no te llega ni al costado,
del arpegio de tus carcajadas.
He roto, el compás de mis palabras, para poder entender,
que mi corazón se queje,
de las grietas y las goteras.
Y he entendido, que es muy incómodo, no ser del todo,
ni ser a medias,
por faltarme, la mitad, de lo que fui un dia, y que ahora,
no quiere regresar.
He confundido, la caída con la llegada, y el amanecer con la huída, y ahora que te vas,
ya no se en que mañana buscarte.
He deshecho las lágrimas de hollín sobre tejados grises,
y las nubes vinieron a preguntarme que,
por qué salía noche de mis ojos.
"¿Quién es la silueta que se adivina en tu olvido? ".
"No es nadie... Nadie comparable a lo que hayáis conocido. "

miércoles, 9 de julio de 2014

Entre cervezas y olvidos. 2.

El chico moreno se enderezó y se dispuso a continuar.

  - ¿Sabes Jou? Una de las leyes que imponen en el gremio de los mercenarios para poder llegar a Maestro del gremio, es no enamorarse. El amor es una parca. Un asesinato interior. Una manera de suicidio bastante cruel, que con unos buenos trazos y varios disfraces puede quedar muy bonito. Pero que al fin y al cabo, es una muerte. Y claro, un mercenario trabaja para matar, y debe protegerse de todo lo que pueda provocarle la muerte. Y si se enamora, muere. Por eso nos imponen esa ley. Por eso nos obligan a rechazar todo tipo de pensamientos afectuosos sobre cualquier muchacha. Simplemente para protegernos. - Hizo una breve pausa, reprimiendo lo que podrían ser unas lágrimas, y continuó. - Ella sea marchó. Fue como una primavera que dejó atrás un invierno frío, derrumbado, lleno de sangre, hambre y grietas. No dejó una nota. No se despidió con un beso que demostrara que tengo derecho a morir feliz. No hubo calma que precediera a la tormenta. No hubo un aviso. Cuando quise darme cuenta el carromato de su familia se alejaba por el camino norte de la capital, en dirección a las montañas. Ella ni me miró a los ojos cuando pasé adrede por enfrente de su carro. Tampoco saltó a mis brazos llorando diciendo que me quería. Ni se despidió agitando los dedos con la gracilidad de una reina. No hubo una frase épica que prometiese un recuerdo en el futuro. No hubo nada que pudiese dar fruto a una novela. Sólo hubo muerte. ¿Alguna vez has sentido el dolor de tener mil agujas metidas en la cabeza que desgarran tu cabeza con cada mínimo movimiento que hagas? Cada despertar era una resignación constante de que todo lo que soñaba con ella era eso, simples sueños. Cada día me invadía un poco más de realidad, me clavaba más agujas, me hacía más consciente de que ella se había marchado para no volver.  Todo me sabía a cenizas comparado con sus labios. No había unas caricias que no cortaran como cuchillas si no eran las suyas. Vivía en una irrealidad continua. Recuerdo todo aquello con una niebla espesa que no me deja ver más allá de la superficie. Mi subsconciente me protegía y me hacía permanecer adormilado día a día, para que el dolor no acabase conmigo. El mundo se volvió una masa espesa y agridulce que sólo daba ganas de vomitar. La gente se volvió falsa, hipócrita, hiriente e insoportable. Perdí toda emoción, la noción del tiempo. Las ganas de que pasasen los días. Creeme que no hay nada peor que un hombre hueco sin esperanzas... Al tiempo dejé de dormir, puesto que mis sueños se habían tornado insoportables. También deje de escribir, porque mi cabeza estaba insconciente y muerta. Perdí a numerosos clientes en aquella época. Y decidí huir a una taberna. El alcohol es el único que me ayuda a calmar la hipotermia, y tenía la vana esperanza de encontrar el sabor de unos labios en las jarras de cerveza. Pero siempre he sido un necio y me equivoqué. Me equivoqué estrepitosamente.

Entre cervezas y olvidos. 1.

  La taberna estaba bastante vacía. Las lámparas de aceite oscilaban en el techo empujadas por la brisa marina, y las llamas oscilaban bailarinas provocando sobras curiosas en la pared. Los tablones de madera corcomidos por la marea crujian con cada paso, y los marinos y clientes estaban sumidos en el silencio, embelesados por la dulce voz de la cantante que daba ambiente a aquella quejumbrosa taberna. La chica en cuestión era una rubia de ojos verdes, con los rasgos de una muñeca de porcelana y la voz de un ángel. Cualquier persona cuerda vería que una persona como esa no encajaba de ninguna manera en algún lugar como aquel, pero nadie podía fijarse en otra cosa que no fuera el baile de la voz de la muchacha. Aunque siempre había alguna excepción para todo.

En una de las mesas más apartadas, detrás de un pilar, cerca de la ventana derecha del local, había un moreno de rasgos grises sentado. Una de las camareras le había servido una cerveza hacia poco, y el chico jugaba con la jarra entre sus dedos, lanzandola de un lado a otro de la mesa, y dando pequeños tragos periódicos cada cierto tiempo. La camarera volvió a acudir con la llamada del muchacho, y le sirvió un whisky doble con un guiño risueño.

La noche avanzaba gris como una niebla perezosa que no quiere volver a casa después de una borrachera, y el muchacho no levantó la cabeza hasta que otro hombre de cara cenicienta y barba grisácea entró en la taberna y se sentó a compartir su mesa. Ambos eran muy diferentes, uno era moreno y tenía un aspecto joven cada vez que sonreía. El otro estaba pálido, y tenía algunas arrugas que comenzaban a dejarse ver más de la cuenta,  lo que indicaba que comenzaba a tener una edad considerable. El pálido también tenía varias cicatrices en los brazos y el cuello, mientras que el muchacho sólo tenía marcas en los nudillos. Cualquiera diría que ambos no tenían nada que ver, pero la conversación que mantuvieron dejaba ver que eran mucho más que conocidos. 

El pálido fue el primero en romper el silencio espeso que se había acomodado en la mesa.
  - Me preocupas Lex. Esas dos medialunas oscuras que subrayan tus ojos no son típicas de ti. Y mira tu pelo, parece como si un tifón hubiera pasado por encima de tu cabeza. ¿ Cuántos días hace que no te peinas? No te había visto así desde que tuviste que dejar a tu madre sola. 
  - Venga ya Jou, eres un melodramatico. Llevo varios días con mi insomnio periódico y últimamente ando demasiado ocupado como para tener que preocuparme por mi pelo. No tengo que salir a buscar a ninguna jovenzuela y mucho menos a alguna que me juzgue por mi pelo.
  - No sabes mentir - replicó el otro. - Te he visto coquetear con más de una cortesana como para que ahora me vengas a decir que no buscas ninguna jovenzuela. Incluso un insensible como tú necesita distracciones de vez en cuando. Además, ¿ Cuánto hacía que no sufrias insomnio? No recuerdo haberte visto con unas ojeras así desde hace meses..
  - Sabes que nunca he sido de esos, así que deja de inventarte cosas. Y respecto a lo de no dormir, es algo normal en mi.
El moreno que se hacía llamar Lex apuró su quinta cerveza de un trago, y los mofletes rojos que comenzaban a formarse en su rostro deltaban que el alcohol comenzaba a hacerle mella. Su interlocutor era observador, y no tardó en encargar otra ronda para poder aprovecharse de eso.
  - He escuchado algunos rumores. Un famoso mercenario tuvo que dejar la capital y desaparecer de un día para otro por razones desconocidas. Otros rumores menos oídos contaban que el famoso mercenario había ido a exiliarse a una taberna y hundirse entre cervezas. Y nadie sabe por que. Y yo mismo tampoco encuentro una razón de porque has cambiado tus atuendos corrientes por unas ropas de ciudadano corriente. 

El moreno que estaba en frente golpeó la mesa con su jarra. La mesa se astilló y la jarra se resquebrajó, lanzando cristales húmedos y espuma por todos lados. Luego frunció el ceño.
  - Jou, cállate. Cállate. No he venido aquí por gusto. No duermo nada por gusto. No me hundo entre cervezas por gusto. Deberías de saberlo y no venir a hurgar en una herida que quizá sea demasiado profunda hasta para ti.
Jou sonrió interiormente. La armadura que su compañero había construido alrededor de sus secretos comenzaba a resquebrajarse gracias al alcohol, a la noche y a la conversación. Y eso era lo que él quería.
- Sigues siendo tan cobarde como siempre. ¿Tienes miedo a hablar conmigo y no ser capaz de soportar lo que va a salir por tu boca?  ¿Pero que clase de mercenario eres?
  - Me enamoré y me mataron.
  - ¿ Tú enamorado de una chica de la capital? ¿ Tú enamorado de una noble niña de papá? ¿ Que será lo próximo, qué el Rey baje los impuestos en sus feudos un 50%? ¿ Qué le regalen privilegios a la burguesía?
  - Venga ya Jou, estas ganándote que te corte el gaznate. Ella era diferente.
  - ¿ Diferente? Todas las niñas de capital buscan exprimir a los hombres que caen en sus garras, pidiéndoles fragmentos de Luna, para después recordarles que son totalmente superiores a ti por tener sangre azul corriendo por sus venas.
  - Siempre hay una excepción que confirma la regla. - La voz comenzaba a quebrarsele y su mirada estaba tornándose vidriosa. - Ella no quería ser noble. No quería casarse con ningún noble engreído. Quería ser libre. Libre, conmigo.
  - ¿A sí? Háblame de ella, pues. Háblame de tu niña de papá que quería ser una excepción. - El moreno respondió a la ofensa con un gruñido y una patada  por debajo de la mesa.
  - Que quieres que te diga... Una chica sencilla que había nacido en el lugar incorrecto. Nos conocimos por casualidad, ella bajaba al mercado vestida de plebeya para hacer los recados que en su condición de noble nunca haría... Yo simplemente tenía que reponer mis provisiones y encargar un par de dagas. - El muchacho esbozó una sonrisa con una mirada jovial que se perdía en los recuerdos. - Ella era muy torpe desde joven, y un desaire del destino la hizo chocar conmigo cuando cargaba una cesta llena de frutas. A pesar de mis reflejos, no pude cazar más de 2 naranjas al aire antes de que el peso de su cuerpo chocase contra el mío y nos hiciera caer como dos títeres a los que les han cortado las cuerdas, levantando barullo y polvo. Esa fue la primera vez que la vi sonriendo encima de mi pecho y dudo que alguna vez consiga olvidarme de eso. Desde aquel momento jugamos a ser niños en cuerpos de adultos. Encuentros fugaces en un tejado, citas a escondidas en pequeñas tabernas discretas de la periferia, tardes enteras perdidas tirados en la hierba, o amaneceres inacabables mientras que su familia andara lejos de casa... Te hablaría de las vivencias que compartimos, pero un sordo nunca será capaz de entender la música sin haberla escuchado nunca, así que dudo que tú fueses a entender que las mareas obedecieran un patrón distinto al que marca la Luna, o que las dunas del desierto fueran simples motas de polvo comparadas a las curvas de su espalda. Ella me enseñó la cantidad de mentiras que hay en el mundo. Aprendí que soñar está sobrevalorado, y que puede amanecer más de dos veces en una noche. Aprendí que los ojos hablan más que cualquier boca y encima no cometen errores, y que es mejor medir distancias en besos que en bardas pulgadas . Ella me enseñó lo desgraciado que puedes llegar a ver el mundo cuando lo comparas al mundo que ella representaba. - Lex rió como si alguien hubiese contado un chiste en su cabeza. - Ella me enseñó demasiadas cosas... Claro que a ti todo eso no te interesa en absoluto.
La Luna comenzaba a centellear a través de la ventana. Sin darse cuenta, la conversación había penetrado en la noche, y la taberna se encontraba casi vacía cuando ambos sujetos levantaron la cabeza. Apenas quedaban 3 grupos de marinos y varios ciudadanos demasiado borrachos como para volver con su esposa. El ambiente era frío y apenas se escuchaban murmullos. Hacia mucho ya que la cantante se había marchado.
  - En todo lo que me has contado no encuentro motivos para que acabaras así. Todo iba perfecto y parecía que te quería mucho, ¿no? . - El semblante de Lex se oscureció, y Jou se arrepintió enseguida de haber dicho eso...

lunes, 7 de julio de 2014

Restos. Primera parte.

Hoy podría escribir un poema sobre un lobo y una mandarina, pero siempre me gustaron más las naranjas, la ilógica y la no cordura. Por eso hoy la cabeza me pide que escriba rarezas comunes de un pantano al norte de mis lagunas sentimentales. Y que mejor manera de trabajar con mi mente que haciéndole caso de una vez. Hoy, voy a escribir raro,  ilógico, masticable y quizá apetitoso. No busque un te quiero o algo lógico,  vea más allá de la superficie del agua y quizá encuentre un tesoro enterrado. Vamos allá. O acá.

Un poeta diría "que bonita estás cuando la Luna te toca la espalda, y tú te giras, perezosa,  a besarme las heridas de un pasado amargo. " Pero yo perdí mi título de poeta en una pelea con un marino borracho en un puerto lejano. Entonces,  carezco de permiso para decirte eso,  al menos implícitamente. Un loco te vería andar y comenzaría a chocarse contra las rejas de su celda alegando que tus caderas serían la causa crónica perfecta para más de la mitad de los desórdenes mentales del ala oeste del manicomio,  por eso de que eres demasiado sensual para medirlo con dos ojos humanos. Pero claro, entre loco y no cuerdo hay varios matices de distinción que hacen que tampoco pueda decir nada de esto implícitamente. Y es un asco eh, tener tantas puertas inaccesibles hace que mi mente trabaje más de la cuenta. Pero no importa,  eres tú.  Yo creo que un filósofo escribiría una tesis para justificar el modo que tienes de rodar los ojos cada vez que sonríes, con ese ademán de querer empaquetar al mundo en una sonrisa y hacer del mundo algo que vale la pena vivir. O una tesis sobre el movimiento que hace tu garganta justo antes de romper a reir. Y en esa tesis explicaría como tu risa se compara a una cascada que rompe y moja de alegría a cada uno de los presentes para un espectáculo de tal talla. ¡Pero ya sabes el inconveninte que tenemos! Ni soy filósofo ni se de tesis más que lo que se sobre cangrejos noruegos de río,  así que, nada de decir nada explícito, ¡ joder ! Pero eh, que la vida es justa y bonita cuando estas tu rondando por aquí,  y ahora llega el momento de la verdad,  ¿sabes? ¡Ahora llega lo que diría yo! EMMMM bueno.. esto... Yo creo que si fuera yo, que creo serlo, diría algo así como que eres similar al silencio que se rompe cuando nace un niño, y su madre lo coge entre los brazos, maravillada. Con tu energía, tu esperanza, y tu ilision. Eres la fuerza de un barco resistiendo la tormenta. Eres el beso de un abuelo a su nieto. La mirada de una madre orgullosa. Eres futuro, tiempo, razones y vida. Eres Serrín que vuela libre con el viento. Eres risa, celebración, espuma y nube. Eres la curva de la Luna creciente. Eres pan recién hecho con queso fresco y miel. Eres la espuma que deja el colacao a modo de bigote de un niño que sólo quiere ser feliz. Eres la niña que quiso ser eterna, y no actriz ni astronauta. Eres tanto como para ser demasiado para la capacidad de cantidad de mi cabeza. Eres multiplicación, rayo y explosión. Eres un cielo en el que quiero volar. Eres mar pero sin la sal que escuece en las heridas.  Sólo olas, espuma y magia. Y bueno, que a veces algún insensato diría que eres tú . Pero que tú eres mucho más que eso.

jueves, 3 de julio de 2014

Hoy insomniaré en tu nombre.

Título: Hoy insomniaré en tu nombre.

Condiciones: Esta noche te escribiré sencillo, absurdo, y lindo.

Cuerpo de texto:
  Dicese que hay noches en la que la Luna no lagrimea al despertar. Se despereza tranquila con la cabeza nítida. Se despereza atenta a la ciudad que rueda a sus pies. Ya sabes,  todo buen mecánico tiene que tener bien vigilado los compontentes de su coche,  y a la Luna, de niña,  le gustaba correr por autopistas celestes con estrellas suaves. Sin cantos, sin filo. Y desde entonces ha sabido vigilar a las ciudades que ruedan a sus pies,  para que su coche cosmopolita nunca se detenga.

  Dicese que en una de esas noches la Luna pudo leer entre luces lo que ningún poeta pudo leer entre labios. La Luna, valiente e intrépida, se atrevió con uno de tus misterios. Erre que erre,  arre que arre, desnudando nudos ilicos de tu mirar,  la Luna comenzó a trabajar paciente entre tú, yo, ella, y varios versos patibularios. Era difícil,  puesto que eres compleja como una bomba con dos cables del mismo color. Y ya sabemos que la Luna era piloto,  pero no ingeniera. Entonces, a falta de 10 segundos,  1 junio, dos personas y varios apartamentos en París y Nueva York, la Luna decidió pedirme ayuda.  Como no era ingeniera,  la Luna no sabía como deshace ese caminar tuyo. Te convertiste en arena de sueños y melancolía de Enero. Y un biólogo como yo sabía que para deshacer un muro de sueños arenosos, habia que darle algo de agua de mar mezclada con tu sencillez compleja.  La Luna y yo trabajamos tediosos y fuertes,  y ella comenzó a bailar las mareas, y yo, a conocerte. No fue fácil, pero poco a poco cedias. Y en un arrebato militar,  la Luna decidió invadirte por una de las grietas de tu muro. 

  Dicese que la Luna nunca lloraba. Desde que abandonó al Sol para cambiarse de cielo, la Luna nunca lloraba. Pero esa noche era la excepción de la regla, como tú con las mujeres de Sol en el cabello. Y la Luna salió de ti, con una sonrisa torcida que intentaba imitar a un cuadro del Prado después de un terremoto. Y la Luna salió de ti, con lágrimas lánguidas y huyentes.  Recuerdo que tartamudeaba y tuve que darle varios vasitos de te en tazas de madera bruñida hasta que pudo parar de temblar y susurrarme unas cuantas palabras de amor para mi corazón con odio.

   "Tiene caos que Picasso envidaria sobre sus lienzos de hojas. Tiene ojos para mirar a la locura y que ésta le sonría,  sonrojada. Tiene más cicatrices que tu espalda y algunas heridas que siguen sangrando un filo hilo de recuerdos. Y he de decir que ni un médico de la Computense sería capaz de coser heridas de aquel calibre. Pero tiene una curva entre el corazón y la razón donde juega una niña abrazapivotesdesuelo con dos esmeraldas azules con las que ver el mundo,  una sonrisa cosida con ilusión, y unos zapatos oscuros de piel suave que podrían escalar el Everest en dos zancadas. También tiene un noseque que queseyo que aún me hace dudar de la teoría de la relatividad de Einstein. Por no hablar de sus pensamientos idilicos alegales,  que amansan bombas atómicas como si fueran el lomo terso de un gato a punto de saltar por la ventana. Podría hablarte del cielo de su cabeza, pero como vas a entender la textura de una nube si nunca has sabido tocarla. Tiene alas de plumas y alas de risas que los angeles llorarian con tal de conseguir. Se que suena irónico, pero más de un no cuerdo como tu estaría dispuesto al suicidio para revivir en el complejo entramado de alegría que traza su rostro cuando sonríe."

   Dicese que la Luna es guardiana de la noche y que allí por donde va el cielo siempre es plácidamente oscuro, teñido de reflejos pálidos moteados. Pero luego de aquella excepción de la regla, luego de aquella noche única,  siempre había un pequeño amanecer allá donde iba la Luna, Tú.

jueves, 26 de junio de 2014

lunedi.

  Nunca pensé que hiciera falta ser superhéroe para realizar cosas increíbles. Y es qué, ustedes, quizá no me entiendan, puesto que no la han visto cómo la he visto yo, ni la habrán tratado como lo he hecho yo. Pero incluso así, se qué con las palabras adecuadas serían capaces de hacerse una idea. Pero sólo una diminuta idea. Porqué como ya sabrán, un ciego nunca podrá imaginar el mar en toda su inmensidad. Quizá pueda imaginarlo, con un poco de sal, al tocar la arena, al sentir el Sol en su rostro. Pero nunca será capaz de entenderlo, como lo entendemos nosotros.

  Y es qué, quizá podrán ver fotos, e imaginarse regodeándose entre sus vecinos neoyorkinos, paseando por Central Park, o enamorándose de cada una de las tiendas que encontrarán en la 'pequeña' isla de Manhattan. Pero nunca podrán sentir lo mismo que si estuvieran allí, compartiendo inviernos y hojas otoñales con ella, con un chocolate caliente y un gorro de lana que da significado a los estereotipos de invierno. Qué quizá les suene clásico, chocolate, invierno, hojas, y un gran parque. Pero es ella la qué hará que todo sea distinto. Ya no será nieve lo qué caiga, si no excusas para buscarla. Ya no será chocolate lo que beban, si no excusas para robarle algo de los labios. Para hacerla reír. Porque lo mejor qué podrían hacer, es hacerla reír. 

  Y es qué su risa no es de este mundo, y quizá de ningún otro. Quizá habrán sentido el escalofrío de sentir caer el rocío convertido en escarcha por su espalda en alguna mañana de invierno. O quizá no. Pero seguro qué habrán visto el cielo de un pueblo de montaña, despejado, de noche, lleno de estrellas. O habrán visto los ojos de una madre cuándo su hijo anda por primera vez, llenos de ilusión, llenos de luz. O porqué no, quizá ustedes sean afortunados, y habrán sentido cómo se les erizaba la piel cuándo cumplían un sueño, cuándo veían en directo a su artista favorito, o cuándo después de una vida de estudios y lucha, les contrataban en esa empresa qué tanto habían esperando. ¿Pues saben qué? Creo qué ni juntando todas estas emociones juntas, serían capaces de hacerse una idea de su risa. Pocos la hemos oído reír con franqueza, pero todos sabemos que es como sumergirse en una cascada en un día de verano, y salir del agua húmedo y fresco, para comerse un helado de chocolate, con virutas de galleta, o de su sabor favorito, también se los permito. Si alguna vez la ven por la calle, no le pidan un autógrafo, una foto, o una cita. Pídanle una risa, háganme caso.


  Y aún quedan por mencionar mis hazañas, qué si para algo he venido aquí a hablarles, es para regodearme, o más bien, regodear por ella, puesto que en su infinita modestia, ella nunca lo haría. He de empezar por su medida, puesto que el corazón me lo pide. Qué en su metro sesenta, esconde más misterios por centímetro cuadrado qué arena cabe en un desierto, y cada día se levanta con unos cuántos nuevos, deseando ser resueltos. Y por no hablar de la complejidad de sus palabras, sus frases trampa, y sus maneras de hacer perder los nervios al santo más paciente. Claro qué, con todo su encanto, puede hacer que la paciencia vuelva tan rápido como una ave migratoria vuelve a buscar a sus crías. Y lo mejor de todo es qué, aun con todo, ¡Yo he conseguido medirla! Mis cálculos son inexactos, puesto qué la ciencia no es aplicable a ella, pero aproximo que su espalda mide 11 besos, su cuello 2 mordiscos y un cuarto, su cadera no pasará de medio poema. Y bueno, les hablaría de sus piernas, pero sería mostrar una información demasiado íntima a un público demasiado morboso. Puedo seguir hablando de la cantidad de logaritmos que tuve que usar para calcular el arco de su espalda, aunque no me juzguen, entre tanto gemido y piel de gallina, es muy difícil de trabajar. Aún así, he sido capaz de encajar en su espalda y comprobar qué eso de 'dormir haciendo la cuchara' es una expresión muy vulgar de referirse a soñar despierto. Hablando siempre de ella, claro está, puesto que con las demás todo se vuelve mucho más vulgar. Claro está, qué no todo han sido proezas y victorias, he de ser humilde. Nunca he podido crear una métrica que supiese ceñirse a su andar, a sus quejas, o a sus rabietas incoloras. Tampoco he sabido dibujar en monocromo una tez tan nítida, ni he sabido plasmar en palabras la mitad de un cuarto de su imagen. Pero entiendame. Ésto es sólo un pequeño ensayo, un artículo de opinión, un artículo meramente informativo. Y ella es una musa. Necesitaría un poemario y medio y apenas llegaría a las primeras horas de desayuno. Así que tengan paciencia.


lunes, 5 de mayo de 2014

día 2.

Día 2. Minúsculo.

Permíteme tomar prestado tu título. Permíteme despertar antes que tú para poder verte dormir. Sigo odioso y efímero, lo asumo, me incorporo y frío. La cama está a 2 besos de distancia, pero duermes, y cualquier pintor me mataria sí despertase un lienzo tan autodestructivo. Preparo capuccino y croassanes. Se que el olor va a despertarte. El olor a mi ausencia. Me buscas en la cama, acaricias mi huella y te incorporas. Ronroneas algo tonto y te vistes de sábana cálida, desnuda a media luz. Apartas a mi ego y se que tus inseguridades quieren desayunarte. Por eso buscas mi cuello, muerdes con miedo y te acurrucas. 'Ellas no vendrán hoy, ni nunca. No van a volver. Estas conmigo.' Has dejado de temblar. Desayunas en mi regazo como muchas otras madrugadas, y dejas espuma y migas de sentimiento en mi barba de 3 días. Me limpias a besos el arrepentimiento y me mandas a la ducha. Marcho confiado, y recuerdo el espejo que aún cuelga de mi armario. Joder, tus complejos. Salgo mojado y despeinado y te encuentro llorando recuerdos en un rincón de la habitación... Rompó el espejo a puñetazos y te acurrucas en mi querer. 'Eres imbécil, estas sangrando y el espejo está roto'. 'Más sangro al verte rota a ti y no he sabido solucionarlo aún'. Me besas tímida, como una ola que no acaba de romper. Te esfumas y estoy solo. Grito, y el eco me responde.

Me despierto.

Sigues ahí, al otro lado de la cama. Acaricio tu espalda y gimes suave. 'Sólo ha sido una pesadilla', me digo. Tu sonrisa me dicta que me duerma de nuevo. Es difícil, pero poco a poco te vas queriendo. No te vas a marchar. Porque te quiero por los dos. Porque me quieres por mi. Porque haré que te quieras. Sigues ahí, haciéndome sentir minúsculo comparado a ti. Se que esto continuará. Y que conseguiré lo que busco. Me duermo. Y te quiero.

(Aclaración : el día 1 no es de mi autoría, y no será publicado al menos que la autora me lo pida).

domingo, 23 de marzo de 2014

Que-riendo.

 Artista de calle; entre taxis y aires tóxicos. Set de supervivencia de gorro y gabardina, camisa arrugada y saxofón, pa' que el amor y la inspiración me llegasen a fin de mes. Tenía mil calles caminadas, y más mapas en mis suelas que la biblioteca nacional. Mi mural mental derramaba tinta y cicatrices, sobre un trasfondo gris de recuerdos en blanco y negro. Pizzas frías por desayuno eran mi mayor preocupación, dando de propina versos a una repartidora caprichosa y demasiado rubia para mis pupilas sensibles. En mis tiempos libres escribía poesía, de pasados y presentes opcionales, dependiendo hacia que dolor señalase mi veleta. Era imperfecto, hecho a medias, mal afeitado, con ojeras de mil lunas, y con unos ojos que acumulaban más sueños que los que el reglamento permitía, pero que más daba saltarse la ley por una vez, no había leyes lógicas para poetas descordados. Vivía de mis sueños, incluso de mis pesadillas, y de mis musas. Y cómo buen mundano, andaba contagiado del amor, en estado terminal. Me llamaban yo, aunque ella podía llamarme vida sí quería.

Ella. Qué término tan ínfimo para definir algo tan suyo. Tan rubia que me dolía a los ojos. Y tan morena que podría dormir en ella mil noches. Con sus estrellas lunares, sus cometas deseos, sus anillos costillas. Con todo. Un universo esculpido en medidas de metro sesenta. Con su set de supervivencia de ojeras maquilladas, sudaderas anti-complejos, mañaquería pa' tapar su madurez, y su odio al mundo. Tan falta de amor como de defectos. Pardójica como ninguna, siendo tan preciosa y viendose tan ninguneada. Pero ella también soñaba, soñaba con poemas, con ser musa. Soñaba con leer lo que alguien le escribía. Soñaba con estar junto a alguien por el mero hecho de estar bajo la misma Luna. Soñaba con querer. Soñaba con alguien a medias hecho a su medida. [y perdónenme, por no poder describirla mejor, pero las lágrimas han emborronado esa parte de mi memoría].

No nos hizo falta mucho para darnos cuenta de que sólo seríamos persona completa juntos. Mitad con mitad formando uno. No me hicieron falta muchos besos para ver que mis labios encajaban con los suyos mejor que con ningunos. Qué nuestros vacíos se llenaban. No le hizo falta mucho para ver que yo tenía las letras que necesitaba leer, qué mi falta de amor la podía suplir su falta de amar. No nos hizo falta mucho para ver los mejores sueños se comparten despiertos. Qué las vidas destinadas a la muerte se soportan mejor muriendo junto a alguien. Qué la mejor manera de morir en esta vida, es morir que-riendo.

Todo hubiese sido perfecto si no hubiese sido un sueño. Encuentros esporádicos pasaron a ser cero. ¿Por qué esa calle? ¿ Por qué no mis recuerdos? Quizá si no la hubiera hecho llorar, no hubiera sido tan volátil. Quizá sin ese error del pasado todo hubiera sido perfecto. Ya no puedo saberlo. Ella terminó pisando unos adoquines que no conducían a mi cuello. Se alejó, y no podía hacer nada para detener aquello. Nos perdimos, y ni los mapas de mis suelas supieron encontrarnos. Ella terminó en otras calles, en otros Lunes y otros Domingos. Yo acabé en otras hojas, otros moteles, otras camas, otros suicidios.

Ella. Ella terminará con un empresario adinerado. Con un hijo de puta que fingirá que la quiere mientras se la folla y la trata con desprecio. Qué terminará por no valorarla cuando le haya encasquetado tres hijos. Dirá que no encontró nada mejor y se conformará con una vida que no es la suya. Recordará el pasado y le llorará a las cartas y hojas viejas que tendrá guardadas en su cajón, para poder recordar que algún día fue fueliz. Seguirá soñando, pero dormida. Esperará un regreso, pero ningún amancer me traerá de vuelta.


Yo. Seguiré escribiendo, torcido, gris, y anocheciendo. Visitaré más camas que cuerpos. Odiaré al amor, juraré no amar más, perderé el punto intermedio. Seguiré huyendo a escribirle, pero nunca volveré a ella, no puedo hacerlo. Fingiré felicidad, una sonrisa rota, y pocos huesos. Y seguiré soñando, a veces hasta despierto. Y seguiré soñando, soñando con vivir que-riendo. 

domingo, 2 de marzo de 2014

No nos da para felicidad, pero sí para ventanas.

 Qué me gusta la simpleza de tu complejidad. Qué me gusta encontrarme tu olor cuando me despierto, porque eres un desastre y te lo has dejado olvidado en mi cuarto. Qué me da igual como me llames, porque mientras que me llames, me encantará. Qué me gusta que finjas indignación sólo por el beso de reconciliación. Qué me gusta escribirte cuando no me miras, para hacer que me leas con el tacto y no con los ojos. Qué me gusta hacerte rabiar, que me muerdas, o me arañes, o buscarte un nuevo lunar cada día. Qué me gusta que me gustes, por ser un complejo ovillo de sencillez en el eje de tu huracán.

 ¿Sabéis eso de escribir sin sentido porque es la única manera de escribirle? Porque si aún no la entiendo, no puedo escribir nada entendible para ella, y así. Qué por su culpa voy a tener que dejarme la música, porque después de haber visto sus caderas no encuentro un compás que encaje en ese cuatro por cuatro mejor que su andar, y veo que pierdo el tiempo entre acordes y arpegios que no me contentan. Tampoco es que las cuerdas de mi guitarra me contenten mucho más, ya que la única cuerda que me contenta es la que esta lo suficientemente loca como para dejar mi cordura al nivel del asfalto, así de fría y así de sola. Y supongo que también acabaré dejando de mirar al cielo en busca de la cura de mi vértigo, porque si ella es la única que me hace volar, no tengo porque tener miedo.

 También abrí una estación sólo para ella, así haga lo que haga tendré que subirme a su tren y nunca acabaré perdido. Y por muy tarde que llegue, y por muchas veces que pierda el tren, siempre acabará volviendo a darme una oportunidad. Sus vías son las mejores, y aunque su luz a veces se apague, con unos cuantos versos vuelve a arrancar de nuevo. La lluvia tampoco supone un problema ya, porque aunque no nos da para tener felicidad, tenemos ventanas que compartimos y nos resguardan.

 No me parece triste no ser feliz todavía. Una tarde al año ella viene, me besa, me abraza y se marcha. Yo simplemente tengo que administrarme bien ese calor durante el año. Parece difícil, pero creanme, que cuando se la esta esperando a ella, la espera merece la pena. Al igual que merece la pena la cantidad de calamares a los que les he tenido que robar tinta, y la cantidad de gallinas desplumadas que me han permitido escribir. Incluso este caos con el cartel de 'cerrado por reformas' merece la pena.

 Y si no merece la pena, merecerá una vida entera.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Garabato.

 Mi línea de vida esta tan torcida como el garabato que pinte sobre mi cadáver suicida. Ya no escribo, sólo me autodestruyo, yo, que salí de mil escollos, que salte mil hoyos, que salvé a los míos y olvide a los tuyos, yo, que me creí invencible, enorme, siempre contigo, yo, me he caído con todo el equipaje, yo, ya no consigo levantarme como antes.

 La suerte es poca, ya no me quiero, no acentúo vocales, acentúo peros, y bueno, he tenido malas épocas escondidas en tus pecas, fechas ególatras que no se dejan olvidar acorralaron mi presencia, ahora mi alma también esta encerrada en mi cama junto a tu ausencia. No escapé de tu metro sesenta, nunca lo hice, navegué entre cielos rojos con nubes grises, siempre entre anocheceres que amanecen y viceversa, dormí sobre tus curvas suaves y tu piel tersa...

 Divido mis ideas en párrafos cortos y claros para contrastarlos con tus ojos oscuros, bebo vasos acumulando excesos en bocas de cianuro, mi futuro ya no es lo que era, y me importa poco, dejé el corazón en la nevera , para volverme loco.

 Sabes bien que me encanta empezar la casa por el tejado, por eso escribo siempre sin base, por eso me olvidé de tus besos antes de que tu me olvidases. Sabiendo que no disfracé mis errores me arrepiento de lo perdido, no fui perfecto, me equivoqué, sigo dolido, ¿y qué? No vas a volver si aún no te has ido, pero se que te has marchado en ese futuro que no es contigo. Ni por ti no por mi, ni por ninguno, nadie. Se qué no estarás, se que no estas, este es mi último baile.

 Diría que ya es suficiente, pero nunca es suficiente. Marzo se merece algo mejor, y lo tendrá, lo prometo.

lunes, 24 de febrero de 2014

Ocaso.

Que Nueva York amaneces hoy. Trajeada en surcos de besos, con corbata de alegría y una americana despeinada. Hasta desaliñada estas preciosa, sin sal escueces menos y sabes más. Eléctrica sonríes, formando el eco de las olas reordenando los mechones libres de tu pelo. Eres decidida, firme como un ancla, fuerte como una cadena, más libre que el mar, y haces volar al primer verso. Me siento pequeño ante tu metro sesenta. ¿Quién dije que eras menuda cuando ni Neruda sabría hablar de ti? Estúpidos ignorantes.

Te soy sin(cero) para que no me compares con ning(uno), porque de todos mo(dos) por muchos locos que veas ninguno te amará de una manera tan cuerda. Que paradójico se torna el eco cuando nadie ha hablado todavía pero ya estas doliendo.

A veces me excedo en quejas, y es normal, con tantos lunares tienes mareado a este pobre astronauta, pero no temas, acabaré visitando todas tus noches y todas tus lunas.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Sólo consigo empezar finales.

 Mierda. Vuelven a ser las 4 de la mañana. Otra vez, por no se cuántos amaneceres seguidos. La luna sigue escondida. Sabe que si la miro la voy a deshacer, porque mis cenizas están tan calientes que no quiero volverla a ver. Me retuerzo en una cama sin sábanas que ya no es mía. Mi cama eras tú. Peor no estás. Y joder, como duele.

Mi espalda ya está sana, no queda ni rastro de ti. Y nunca me había sentido tan enfermo. No quiero pensar, porque podría matarme en cualquier momento si sigo así. En la mesa del estudio siguen tus cartas y un par de fotos. En el jarrón dejaste rosas marchitas y lágrimas. Y en el sofá me dejaste a mi, esperándote.

Ahora son las 4:05. Quién lo diría, me estoy muriendo, pero no me importa. Sólo soy capaz de pensar en ti. La rutina de tu desnudez, tus pies descalzos y tu desorden era tan yo, que ahora que no esta, no soy. Ahora nadie desordenara mi desorden con un orden distinto al del día anterior, para que así nunca me canse de estar desordenado. Busco mentalmente en mis opciones. 'Asumir' está oxidado, tirado en un rincón llamado 'olvido' donde mis recuerdos tiene prohibido el paso. ¿Así como quieres que no me destruya, joder? Creías que ese beso de despedida sería consuelo, y fue un eco seco que moja mis labios aún.

¿Qué estoy haciendo joder? Son las 4:10, y la hora se acerca. Se que está a punto de amanecer por última vez, porque no voy a soportar otro día sin ti. Te llamo, y no me respondes. He intentado escribirte pero mis nudillos tienen demasiadas heridas para sujetar un boli. Ha comenzado a llover de repente. El cielo me envía indirectas, parece que la actuación de el bufón va a terminarse.


Son las 4:11. O quizá las 3:11. Ya no lo se. Me estoy muriendo de nuevo, joder. Estoy llorando. Ya no quiero respirar más. Me levanto de la cama, y comienzo a destrozar todo lo que veo.Agarro tu foto y la lanzo por la ventana. Mierda. Esa fue la misma ventana por la que te suicidaste.

lunes, 17 de febrero de 2014

El único amor que no significa muerte.

Y se que me quieres a medias porque yo te quiero más de uno y teníamos que encajar de algún modo. Que somos imperfectos para poder querernos perfectamente, porque lo que más quiero de ti son tus imperfecciones. (Que ilógico eh, cuando ahí fuera todos quieren ser perfectos). Que las matemáticas son la ciencia más inexacta, porque con amor uno más uno es uno, y con olvido uno más uno es cero, o incluso autodestrucción al cuadrado. Que siempre seré amante de las bases fáciles y de las chicas difíciles, y por eso te busco tanto, porque estas pérdida en el imposible. Y yo fui tan iluso de trazar mapas en las arenas de tu playa porque creía que sin Luna no había marea. Luego me besaste y naufragaste al mar sobre mis planos. Así nunca pude encontrarte.

Siempre quise escribir algo a tu medida pero nadie es capaz de inventar un metro que mida magnitudes tan grandes. Por tu culpa cada día confío menos en la ciencia, y es que tu ilógica no se puede a someter a estudio. Y sí las matemáticas, los metros y los estudios fallan en ti, es normal que desconfie, porque para mi es como sí fallaran en mi mundo entero. Quizá por eso busqué aprender de ti en la poesía, pero es que ningún poeta conoce musa parecida. Según veo eres tan única como esperaba. Tanto que no te merezco. Vuelvo a apagarme solo y martirizo mi cerebro. Luego vienes, me rozas, me abrazas con los ojos y parece que estoy vivo.

Eres el único amor que no significa muerte.

martes, 11 de febrero de 2014

Gemido.

"Afiné tus cuerdas vocales estirando de tus labios hacia los míos. Notas discordantes nacían de tu boca, y descontento busqué entre las claves de tu cuerpo una melodía perfecta con la que afinar tu cuello. Tecleé tus vertebras con besos, tres arpegios y cuatro Allegros,  me dije 'No no, esto está perfecto' y continué. Encontré aún menos defectos en tus claviculas, ni Stradivarius consiguió un violín más definido, con mejor sonido, mejor tacto, pequeños alaridos con cada mordisco, y como un ingeniero de sonido busqué en tu cintura algún matiz que desencuadrara mi perfecta pintura. Resvalé a tu obligo y rescaté un vinilo en su contorno, desdibujé tu figura con mi lengua y te hice eterna. Volví a tus finas costillas de marfil donde danzaban firmes mis versos, y los tatue con mi caligrafia nerviosa de creer no ser lo suficientemente bueno, pero no por ello dejaste de clavar tus uñas en mi espalda, creando surcos donde sembrar nuevas mañanas. Mi oído estaba casi satisfecho, pero no había acabado contigo, buscaba aún ese sonido secreto escondido en el anverso de la hoja. Levanté tu cuerpo, lo pegué al mío. Roce, instinto, pared, tu sexo, calor, frío. Entonces exhalaste, valiente y pequeña como sólo tú sabes ser. Gemido."

Mi día a día con mi musa. Gemido.

lunes, 10 de febrero de 2014

Despertar.

' Me desperezo. Las heridas de mi espalda saludan tímidas con un dolor cálido, y tus uñas divagan por mi nuca recordándome la noche. Miro al calendario. Hoy es tú, por quintuagesima décimo cuarta vez en el último recuerdo. Además, por la ventana se filtra un poco del color de tu pelo, que el Sol lo toma prestado para notificar al mundo del resto que es de día.

Como siempre sufro insomnio y aunque en mi mundo aún es de noche, (hoy estas dormilona y no quieres soñar despierta), me incorporo de la cama como puedo. Recojo tu ropa del suelo y la coloco en la silla de tu escritorio, pasándome de altruista, ya que tú desordenas mi vida y nunca recoges nada, pero en fin, los círculos morados de mi cuello no dejan que la sangre me suba a la cabeza y no me da para pensar mucho. Llego a la altura de tu espejo y veo las marcas de carmin y de vaho que tus gemidos dejaron anoche. Por lo visto el espejo también tiene buen gusto.

Una vez salgo, voy a la cocina descalzo, mientras tu ego me vigila atento a mi próximo movimiento. Cazo al aire varios versos escritos  con tu lápiz de ojos en varias servilletas arrugadas. Vaya vicio tienes de enviarme indirectas para que compongan más, eh. Bueno, busco tu clitoris y recuerdo que estas en la cama durmiendo, así que me conformo con dos capuccinos y un croassant tierno. Me he quedado con hambre. Después de tu cuerpo todo me sabe a poco.

En el salón tampoco encuentro mucho exilio. Veo rastros de risas y fotografías. Tu guitarra descansa en un sofá y el calor de tus besos se ha colado en la estantería de discos de tu madre. Encuentro restos de tardes perfectas debajo de la alfombra y les pido que se escondan bien para que el viento no se las lleve nunca. Una carcajada tuya me muerde la nuca y pienso en los arpegios que compuse en tus costillas. Ojeo los libros y veo las líneas de tu espalda escritas en hebreo en un tomo antiguo. Lo releo varias veces para recordar leerlas en braile más tarde con tu ayuda, cierro el libro, abro tus piernas y fumo [...] Vuelvo a tu habitación.

Supongo que nunca me acostumbraré a una droga tan fuerte como una musa así. Corro riesgo de sobredosis, pero en fin, antes de que me beses de nuevo, me automedico escribiendo. '
Mi día a día con mi musa. Despertar.

jueves, 6 de febrero de 2014

Fotografía.

'La inspiración puede nacer de cualquier parte, hasta de una mera fotografía'.

Ojalá siempre viviera jodido.
Jodido por tus fotos, por tus besos, por tus mordiscos,jodido por tus recuerdos, tus cartas, las mañanas entre nórdicos,ojalá viviera jodido toda mi vida, porque tu manera de joderme me fascina.

Tus claviculas son las líneas de mi vida, el marco de tu cuerpo, un camino no escrito por el que borrar las migas de lágrimas que tus heridas dejaron, borrar ese rastro, ese dolor y toda ese maldito peso de tu pasado, que seas mía un instante (¿cuantás vidas contigo cabrían en un instante?).

Quiero morir entre tus colgantes y colgarme de tu cintura, desnudarte de complejos y colgarlos en una percha de un motel y follarte desnuda, piel con piel, rozando almas. Quiero decir entre sábanas lo que mis palabras aún no saben, encontrar al duende que esculpe tu sonrisa y que me enseñe trucos, planos, bocetos, trazos y estrategias, para dibujar el mejor plano que haya sido pintado jamás sobre tu espalda, instruir en artes a la almohada y gritarte rebeldía susurrandote a la oreja: 'Que ahí fuera en las calles llueve y nieva al mismo tiempo porque has roto el eje climático, con esas curvas y esa sencillez asesina mataste a la cordura de un romántico y claro, cuando tu andas ni el pobre mundo puede sostenerse solo'.

martes, 4 de febrero de 2014

Y qué bonita eres.

Y mírala a ella, tan ella, tan bonita, tan azul cielo,
rompiendo corazones con cada paso,
helando anhelos,
Hay mil casos distintos, mil razones, mil arpegios,
entregué mis huesos  y mis vasos,
buscando besos,
Toqué música con sus costillas, con sus gemidos,
me centré en sus Lunas, olvide las mías,
erizando bellos,
La besé tantas veces que aún las cuento,
y eso que ya no la tengo,
beso recuerdos,
Hoy la volví a mirar, como al principio de esto,
nacía de un vinilo selecto,
bailaba al tempo,
Subían notas, melodías, lágrimas sin corazones,
volaban sueños, voces, coros,
sonaba su cintura,
Amé tanto su calor que perdone sus errores,
nunca le reclamé bulerías,
sólo locura,
Tanto rodeo, tanto palabreo, en busca de un solfeo perfecto,
tanta vuelta al ruedo
sin cura,
Y qué crónico se me volvió el amor por su culpa,
ilógico siempre, perdido nunca,
autodestrucción lúdica,
Buscó mis restos con mis dedos por su nuca,
siempre por ella, hasta mi tumba,

mi música.

domingo, 2 de febrero de 2014

Autodestrucción.

Para cuando supe que sería la última noche ya me había despertado. La ausencia me besó la nuca y caí redondo en tu olvido. Me incorporé del suelo frío. Había arrastrado a la sabana y la almohada y las había sacado de la cama. Ahí estaba tú última huella, el perfil de tu cuerpo durmiendo, con mi corbata azul colgando en el cuello, para que nunca olvidases mi olor. Como siempre, llevaba el alma arrugada y la piel desnuda. Aquellos pantalones de pijama grises no me abrigaban y el espejo me escupió soledad nada más mirarlo. Limpié mi cara con lágrimas y me sequé en tu tanga de hilo, para no perder la costumbre. Cuando llegué a la cocina, la sombra de nuestro último polvo aún gemía en la encimera, y las tazas rotas acumuladas en el lavaplatos tapaban heridas y recuerdos de mañanas felices. La cafetera silbó cuando la encendí, como los obreros de la obra del metro al verte pasar metida en tu vestido negro. El café me supo a tiempo perdido, y sin tener tus labios para mojar, tuve que apañarmelas con dos magdalenas secas. Luego sonó mi tono de llamada, y creía que eras tú, cantándome desde la ducha. Pero no, aquel puto aparato de mierda por el que me habías dejado resonaba en la esquina más recóndita del salón, entre vozka y botellas rotas. Descalzo y con el corazón como zapatos pisé todo aquellos cristales rotos para desgarrarme un poco más por dentro, y cogí la llamada. Era tu contestador, que bromista juraba que aún me amabas. Que iluso. Salí de allí sangrando para revisar el correo, aparté tus últimos besos, las cartas de despedida y tu recuerdo. Encontré entonces mi acta de defunción, porque desde anoche ya no era yo, era otro, y mi ego no aceptaba a un impostor.

jueves, 30 de enero de 2014

Pero yo te tengo a ti.

Mis tazas nunca tuvieron asas,
siempre gastaba la porcelana en tus uñas,
y se quedaban a medias.
Como los cafés, o los amaneceres,
ya que nunca se despierta del todo contigo,
siempre queda la duda de estar soñando.
Se puede hacer poesía sin rima, comprobado,
nunca tuviste que ponerle orden a tus parpadeos para mirarme,
¿así que, porque ordenar sílabas yo?.
Los poemas hay que empezarlos suaves,
y acabarlos a piel viva,
porque sí empezara fuerte me besarias al tercer verso,
y no se escribir en papel mientras tenga a tu cuerpo.
A veces me siento tan cualquiera que soy demasiado único,
a veces me siento tan nefasto que soy demasiado bueno,
luego llega mi ego y me obliga a escucharle, cada vez menos,
y aun sabiendo que hay tantos como yo ahí fuera, presumo,
de sentirme tan cualquiera hasta ser demasiado único,
porque ellos escriben, igual o mejor, pero a ti, sólo te tengo yo.

martes, 28 de enero de 2014

Quiereme o dispara.

Mi cama se ha rebelado contra mi,
sólo abriga contigo.
Recuerdas pliegues de sábanas, arrugas,
huellas que hacen de testigo,
la curva de tu cuerpo, tu espalda,
tu caos junto al mío.
Perfección imperfecta, fonética apagada,
sueños sin palabras,
gestos,
roces de silencios, miradas desenfocadas,
tiempo que no pasa,
eterno.
El eco del besar de tus labios, cuellos desgastados,
pecar de ego a diario, el aliento de un amanecer de dos,
siempre dos.
Ya que sin ti no soy,
no llueve,
no moja,
no daña.
Ya que sin ti no voy,
no siente,
no late,
mi alma.

martes, 21 de enero de 2014

Quizá sea el momento de empezar de cero.

Quise un balcón bonito del que asomarme para ver la lluvia y resulta que en tus ojos no se ven más que lágrimas. Cuando aprendí a nadar nunca me enseñaron a nadar entre reproches, así normal que me ahogues rechazando mi último beso. Aún recuerdo el eco al decir adiós, tus ojeras de leerme hasta las tantas y el sonido de tus huellas mudas cuando de mi cama te levantabas. Mis baldosas eran la mejor pista de patinaje para tus sentimientos de hielo, que deshielaban en Enero para hacerme volar con los pies en el suelo. La orquesta de tus tacones y tus canciones para enamorados, cuando tus gemidos callaban las historias estúpidas que las vecinas contaban en mi urba. De la urbe a tu cama, el recorrido diario, con las zapas gastadas y el te quiero en los labios. El anciano del puesto de rosas que me sonreía al ver mis ojos de enamorado, y me regaló tantos poemas en papeles viejos que se que aún tienes colgados. Porque los míos nunca te gustaron, con tanta destrucción, tantos miedos y tantos vasos, nunca te gusto que bebiera más droga que la saliva de tus labios, pero yo era adicto al whisky y claro.. No reconocí mis fallos, ni rechace tus abrazos cuando estaba enfadado, tampoco fueron muchos, ni tampoco fueron tan malas las cosas que nos hicimos, nos soportamos y es fue más que lo que nadie hizo. Aprendí a esconder recuerdos en las hojas de tu cuaderno aunque sabía que los quemarias antes de que llegaran a viejos, pero no me importaba, se que tus profesores me odiaban por hacer de su alumna más lista una tonta enamorada, pero que más daba, mi corazón también me reprocha ahora que no llevé cuidado y no por eso te he visto arrepentida, claro que, cuando rompes algo en añicos no hay excusa válida. Tampoco esperaba ninguna excusa tuya, ni una pega más, ni un pero menos, después de todo no fuiste la primera de los dos en decir te quiero ...Hoy me asomé al balcón y pude ver que llovía de nuevo. Quizá sea el momento de empezar de cero.

lunes, 20 de enero de 2014

Y si.

Y si vuelo libre, y si vuelvo solo, y si llueve nieve, y si mojan lloros, si todo se vuelve nada, mátame antes de que me arrepienta, antes de que te mienta. Y si el olvido ahoga, si mi cama duele, y si el recuerdo flota, y la muerte viene, recuerda que soñé mientras dormías, recuerda que maté la rutina de tus días. Y si mi musa duerme en otra cama, si mis versos se emborronan por lágrimas, y si mi rosa se marchita, si ya quemo libros y no páginas, recuerda que no duermo para morir de sueño contigo, recuerda que vivo desnudo porque sólo quiero a tu cuerpo como abrigo. Y si la autodestrucción sabe dulce, si la sal no escuece en mis heridas, y si mi convicción tiene molde, si me alegro más por lo que pienso que por las cosas vividas, sálvame, antes de que muera de miedo, entre tus piernas y un cubata con hielo.

jueves, 16 de enero de 2014

Micro relato.

Cebras negras de rayas blancas se confunden con las calles sueltas que piso, las aceras mojadas de Nueva York avocan al suicidio. Escribimos nuestra historia y quemé el libro en el momento en el que me retaste al olvido, claro que las cenizas quedan y ensucian mis zapas, recordándome que solté amarras en distintas camas tratándolas como puertos donde acuden a llorar dos almas sin sus cuerpos. Y ya sabes lo típico de: 'Espero que volvamos a vernos', y lo hipócrita que es querer volver al infierno

domingo, 12 de enero de 2014

Ojalá.

Ojalá fuese un gato, que con una vida a tu lado no me basta. Ojalá fuese Kronos, que no soporto ver como el tiempo de estar juntos se nos gasta. Ojalá fuera escultor, para romper mil piedras inultilmente porque nadie podrá plasmar jamás la sonrisa que tengo en frente. Pero aquellas piedras rotas ya serán preciosas porque las tocó un recuerdo contigo. Ojalá la Luna no me recordara a tu ombligo, son muchas noches jugando a ser enemigos del cielo bajando las estrellas al suelo y comprendo que cualquier cuerdo ya estaría loco a estas alturas, por eso de que a mis heridas le das puntos de sutura, mientras me recitas poemas cuando por detrás te cojo de la cintura y reduzco el mundo a la gota de pintura que tiñe el lunar de tu cuello. Aprendí a leer entre líneas contigo cuando te escondías entre las hojas mojadas que dejó el invierno, ese tiempo en el que me faltabas, ese tiempo eterno, siempre escondida al borde de un verso al que nunca llego.. Bueno, eso era antes, eso era triste ... por la pena que al corazón desviste llegaste a mi, desnuda, y dejaste al instante a mi pluma muda, con escalofrios que ni Neruda pudo describir acallaste el grito del dolor de un poeta que estaba muerto en el tiempo, y eso no se paga ni con amor ni con dinero... Puedo darte un corazón, un verso, un presente, un futuro, un sueño, todo aquello que puedas desear ya lo tengo, porque sí a ti te tengo, lo tengo todo, y aunque sea por ese modo de quemar las sábanas que tienes, te regalaré mis horas de sueño y más caricias de Viernes. Intento buscar un verso perfecto para acabar esto y entonces recuerdo que lo correcto es que el punto final no nos pueda, porque nada nos para, así que me juego mi corazón a una moneda y sale cara, y bien sabes que siempre prefiriste dar la cara por mi que darme la espalda, así que toma, un texto más que sangro pensando en ti y en todas tus cosas, para encontrar la respuesta de porque de mis espinas conseguiste sacar rosas...

martes, 7 de enero de 2014

Aquel día, cuando te conocí.

Recuerdo cuando te conocí. Primero calculé los daños de mi orgullo cuando cayera a tus pies. Luego, sentí pena por los espejos, ya que ni su mejor reflejo podría plasmarte tal como eres. Sabía que la locura estaría mordiendome la oreja antes de que visitases mi cuello por primera vez y es que en vez de darme la mano me diste una sonrisa, y eso fue demasiado para un pobre poeta falto de inspiración. No habías abierto la boca y mis labios ya pedían cerrarla a besos, o a versos, dejarte sin palabras por culpa de ellos... Entonces te recogiste el pelo detrás de tu oreja y sentí envidia del tictac que formas al andar al compás cuando paseas, ya que sólo tú puedes seguirlo. Un hola se escapó de entre tus labios y vi a mis miedos saltar al vacío. 'Eh tío tío, que te están hablando', me gritaron mis colegas. Respondí un hasta luego y marché sólo para poder ver como te alejabas, para que no te acostumbraras a ser tú la que me robaba mis palabras. Desde entonces los adoquines de aquella calle tienen zapas gastadas, mis dedos tienen mejor tacto y en tu cuerpo trazan mapas. Las farolas no se apagan cuando el viento sopla, les pusiste cerrojo a mis lágrimas y ya ni la lluvia moja. Y que más da lo demás, no quiero escuchar al tiempo gritar que me hago viejo mientras busco aquel reflejo que este a tu altura, se que es imposible que lo encuentre como imposible es que envejezca contigo, porque paras el tiempo, ya sabes, eso de que un día sin ti es un año y un año contigo un parpadeo, sí pudiste ser capaz de ver estrellas fugaces con este feo, ¿qué más te puedo pedir?. Sabes que le cogí gusto al invierno por eso de que dos cuerpos pueden quitarse el frío que nos dejó Diciembre, pero deje de contar los meses cuando me dijiste que hay recuerdos que duran siempre. Te cambié el nombre a Recuerdo desde entonces, para que no me olvides, como aquella canción que siempre sonaba en nuestras primeras citas, aquel 'Bailar pegados' que siempre escuchabas al salir de la oficina... Es tanto esto que se queda corto lo que escribo, por eso ya no cuento letras, sino latidos contigo..