miércoles, 26 de febrero de 2014
Garabato.
La suerte es poca, ya no me quiero, no acentúo vocales, acentúo peros, y bueno, he tenido malas épocas escondidas en tus pecas, fechas ególatras que no se dejan olvidar acorralaron mi presencia, ahora mi alma también esta encerrada en mi cama junto a tu ausencia. No escapé de tu metro sesenta, nunca lo hice, navegué entre cielos rojos con nubes grises, siempre entre anocheceres que amanecen y viceversa, dormí sobre tus curvas suaves y tu piel tersa...
Divido mis ideas en párrafos cortos y claros para contrastarlos con tus ojos oscuros, bebo vasos acumulando excesos en bocas de cianuro, mi futuro ya no es lo que era, y me importa poco, dejé el corazón en la nevera , para volverme loco.
Sabes bien que me encanta empezar la casa por el tejado, por eso escribo siempre sin base, por eso me olvidé de tus besos antes de que tu me olvidases. Sabiendo que no disfracé mis errores me arrepiento de lo perdido, no fui perfecto, me equivoqué, sigo dolido, ¿y qué? No vas a volver si aún no te has ido, pero se que te has marchado en ese futuro que no es contigo. Ni por ti no por mi, ni por ninguno, nadie. Se qué no estarás, se que no estas, este es mi último baile.
Diría que ya es suficiente, pero nunca es suficiente. Marzo se merece algo mejor, y lo tendrá, lo prometo.
lunes, 24 de febrero de 2014
Ocaso.
Que Nueva York amaneces hoy. Trajeada en surcos de besos, con corbata de alegría y una americana despeinada. Hasta desaliñada estas preciosa, sin sal escueces menos y sabes más. Eléctrica sonríes, formando el eco de las olas reordenando los mechones libres de tu pelo. Eres decidida, firme como un ancla, fuerte como una cadena, más libre que el mar, y haces volar al primer verso. Me siento pequeño ante tu metro sesenta. ¿Quién dije que eras menuda cuando ni Neruda sabría hablar de ti? Estúpidos ignorantes.
Te soy sin(cero) para que no me compares con ning(uno), porque de todos mo(dos) por muchos locos que veas ninguno te amará de una manera tan cuerda. Que paradójico se torna el eco cuando nadie ha hablado todavía pero ya estas doliendo.
A veces me excedo en quejas, y es normal, con tantos lunares tienes mareado a este pobre astronauta, pero no temas, acabaré visitando todas tus noches y todas tus lunas.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Sólo consigo empezar finales.
lunes, 17 de febrero de 2014
El único amor que no significa muerte.
Y se que me quieres a medias porque yo te quiero más de uno y teníamos que encajar de algún modo. Que somos imperfectos para poder querernos perfectamente, porque lo que más quiero de ti son tus imperfecciones. (Que ilógico eh, cuando ahí fuera todos quieren ser perfectos). Que las matemáticas son la ciencia más inexacta, porque con amor uno más uno es uno, y con olvido uno más uno es cero, o incluso autodestrucción al cuadrado. Que siempre seré amante de las bases fáciles y de las chicas difíciles, y por eso te busco tanto, porque estas pérdida en el imposible. Y yo fui tan iluso de trazar mapas en las arenas de tu playa porque creía que sin Luna no había marea. Luego me besaste y naufragaste al mar sobre mis planos. Así nunca pude encontrarte.
Siempre quise escribir algo a tu medida pero nadie es capaz de inventar un metro que mida magnitudes tan grandes. Por tu culpa cada día confío menos en la ciencia, y es que tu ilógica no se puede a someter a estudio. Y sí las matemáticas, los metros y los estudios fallan en ti, es normal que desconfie, porque para mi es como sí fallaran en mi mundo entero. Quizá por eso busqué aprender de ti en la poesía, pero es que ningún poeta conoce musa parecida. Según veo eres tan única como esperaba. Tanto que no te merezco. Vuelvo a apagarme solo y martirizo mi cerebro. Luego vienes, me rozas, me abrazas con los ojos y parece que estoy vivo.
Eres el único amor que no significa muerte.
martes, 11 de febrero de 2014
Gemido.
"Afiné tus cuerdas vocales estirando de tus labios hacia los míos. Notas discordantes nacían de tu boca, y descontento busqué entre las claves de tu cuerpo una melodía perfecta con la que afinar tu cuello. Tecleé tus vertebras con besos, tres arpegios y cuatro Allegros, me dije 'No no, esto está perfecto' y continué. Encontré aún menos defectos en tus claviculas, ni Stradivarius consiguió un violín más definido, con mejor sonido, mejor tacto, pequeños alaridos con cada mordisco, y como un ingeniero de sonido busqué en tu cintura algún matiz que desencuadrara mi perfecta pintura. Resvalé a tu obligo y rescaté un vinilo en su contorno, desdibujé tu figura con mi lengua y te hice eterna. Volví a tus finas costillas de marfil donde danzaban firmes mis versos, y los tatue con mi caligrafia nerviosa de creer no ser lo suficientemente bueno, pero no por ello dejaste de clavar tus uñas en mi espalda, creando surcos donde sembrar nuevas mañanas. Mi oído estaba casi satisfecho, pero no había acabado contigo, buscaba aún ese sonido secreto escondido en el anverso de la hoja. Levanté tu cuerpo, lo pegué al mío. Roce, instinto, pared, tu sexo, calor, frío. Entonces exhalaste, valiente y pequeña como sólo tú sabes ser. Gemido."
Mi día a día con mi musa. Gemido.
lunes, 10 de febrero de 2014
Despertar.
' Me desperezo. Las heridas de mi espalda saludan tímidas con un dolor cálido, y tus uñas divagan por mi nuca recordándome la noche. Miro al calendario. Hoy es tú, por quintuagesima décimo cuarta vez en el último recuerdo. Además, por la ventana se filtra un poco del color de tu pelo, que el Sol lo toma prestado para notificar al mundo del resto que es de día.
Como siempre sufro insomnio y aunque en mi mundo aún es de noche, (hoy estas dormilona y no quieres soñar despierta), me incorporo de la cama como puedo. Recojo tu ropa del suelo y la coloco en la silla de tu escritorio, pasándome de altruista, ya que tú desordenas mi vida y nunca recoges nada, pero en fin, los círculos morados de mi cuello no dejan que la sangre me suba a la cabeza y no me da para pensar mucho. Llego a la altura de tu espejo y veo las marcas de carmin y de vaho que tus gemidos dejaron anoche. Por lo visto el espejo también tiene buen gusto.
Una vez salgo, voy a la cocina descalzo, mientras tu ego me vigila atento a mi próximo movimiento. Cazo al aire varios versos escritos con tu lápiz de ojos en varias servilletas arrugadas. Vaya vicio tienes de enviarme indirectas para que compongan más, eh. Bueno, busco tu clitoris y recuerdo que estas en la cama durmiendo, así que me conformo con dos capuccinos y un croassant tierno. Me he quedado con hambre. Después de tu cuerpo todo me sabe a poco.
En el salón tampoco encuentro mucho exilio. Veo rastros de risas y fotografías. Tu guitarra descansa en un sofá y el calor de tus besos se ha colado en la estantería de discos de tu madre. Encuentro restos de tardes perfectas debajo de la alfombra y les pido que se escondan bien para que el viento no se las lleve nunca. Una carcajada tuya me muerde la nuca y pienso en los arpegios que compuse en tus costillas. Ojeo los libros y veo las líneas de tu espalda escritas en hebreo en un tomo antiguo. Lo releo varias veces para recordar leerlas en braile más tarde con tu ayuda, cierro el libro, abro tus piernas y fumo [...] Vuelvo a tu habitación.
Supongo que nunca me acostumbraré a una droga tan fuerte como una musa así. Corro riesgo de sobredosis, pero en fin, antes de que me beses de nuevo, me automedico escribiendo. '
Mi día a día con mi musa. Despertar.
jueves, 6 de febrero de 2014
Fotografía.
'La inspiración puede nacer de cualquier parte, hasta de una mera fotografía'.
Ojalá siempre viviera jodido.
Jodido por tus fotos, por tus besos, por tus mordiscos,jodido por tus recuerdos, tus cartas, las mañanas entre nórdicos,ojalá viviera jodido toda mi vida, porque tu manera de joderme me fascina.
Tus claviculas son las líneas de mi vida, el marco de tu cuerpo, un camino no escrito por el que borrar las migas de lágrimas que tus heridas dejaron, borrar ese rastro, ese dolor y toda ese maldito peso de tu pasado, que seas mía un instante (¿cuantás vidas contigo cabrían en un instante?).
Quiero morir entre tus colgantes y colgarme de tu cintura, desnudarte de complejos y colgarlos en una percha de un motel y follarte desnuda, piel con piel, rozando almas. Quiero decir entre sábanas lo que mis palabras aún no saben, encontrar al duende que esculpe tu sonrisa y que me enseñe trucos, planos, bocetos, trazos y estrategias, para dibujar el mejor plano que haya sido pintado jamás sobre tu espalda, instruir en artes a la almohada y gritarte rebeldía susurrandote a la oreja: 'Que ahí fuera en las calles llueve y nieva al mismo tiempo porque has roto el eje climático, con esas curvas y esa sencillez asesina mataste a la cordura de un romántico y claro, cuando tu andas ni el pobre mundo puede sostenerse solo'.
martes, 4 de febrero de 2014
Y qué bonita eres.
domingo, 2 de febrero de 2014
Autodestrucción.
Para cuando supe que sería la última noche ya me había despertado. La ausencia me besó la nuca y caí redondo en tu olvido. Me incorporé del suelo frío. Había arrastrado a la sabana y la almohada y las había sacado de la cama. Ahí estaba tú última huella, el perfil de tu cuerpo durmiendo, con mi corbata azul colgando en el cuello, para que nunca olvidases mi olor. Como siempre, llevaba el alma arrugada y la piel desnuda. Aquellos pantalones de pijama grises no me abrigaban y el espejo me escupió soledad nada más mirarlo. Limpié mi cara con lágrimas y me sequé en tu tanga de hilo, para no perder la costumbre. Cuando llegué a la cocina, la sombra de nuestro último polvo aún gemía en la encimera, y las tazas rotas acumuladas en el lavaplatos tapaban heridas y recuerdos de mañanas felices. La cafetera silbó cuando la encendí, como los obreros de la obra del metro al verte pasar metida en tu vestido negro. El café me supo a tiempo perdido, y sin tener tus labios para mojar, tuve que apañarmelas con dos magdalenas secas. Luego sonó mi tono de llamada, y creía que eras tú, cantándome desde la ducha. Pero no, aquel puto aparato de mierda por el que me habías dejado resonaba en la esquina más recóndita del salón, entre vozka y botellas rotas. Descalzo y con el corazón como zapatos pisé todo aquellos cristales rotos para desgarrarme un poco más por dentro, y cogí la llamada. Era tu contestador, que bromista juraba que aún me amabas. Que iluso. Salí de allí sangrando para revisar el correo, aparté tus últimos besos, las cartas de despedida y tu recuerdo. Encontré entonces mi acta de defunción, porque desde anoche ya no era yo, era otro, y mi ego no aceptaba a un impostor.