a veces un dolor llega muy pronto o una canción llega muy tarde
por eso a veces ya no sé si un disco viejo suena distinto
o es que soy yo el que ya no es el mismo
crecí escuchando lunas y lluvias donde mirarlas
y ahora ya no quiero chapotear en esos charcos
como un espejo en el que no me reconozco
o porque no sabe reflejarme, o porque ya no sé mirar bien
el error siempre busca al culpable
para sentirse a salvo en alguien que se haga responsable
como un arma que busca una funda
para evitar seguir cortando al que esté cerca
he sido reservorio, añejando consecuencias que a veces no eran ni propias
siempre con la mano en la rodilla, con el ademán de romper el agua
haciendo de la espuma una compañera invisible
he cauterizado la risa, como si tuviese la culpa
negándome a ser para olvidar lo que fue
tomando medidas de seguridad desmedidas
apagando una cerilla en el océano
sólo solté el puño para apretar otras cuerdas
me aprendí una canción para poder guardarte dentro
el arpegio, el puente, la melodía
como si esos ojos grandes de estar feliz cupiesen en un compás
enmarqué la mirada desde el marco de mi puerta
y me eché todas las culpas, como gasolina al fuego
y dejé en paz al tiempo, para que no llamase a la guerra
le hemos dado una vuelta al Sol
hemos apagado la música hasta oír el silencio
y aún sabemos bailar sin pisarnos
porque al final lo natural siempre vive
porque al final si no es final, siempre vuelve
te encuentro en Alice, puntual
como el saco viejo y los guantes rotos
cómodos, cotidianos, humildes
como el amor de los pobres
acuso a las palabras, pero aquí acabo siempre
el animal herido siempre sigue las costumbres
me repito, y lo detesto, pero no lo evito
con una disculpa que sirva de excusa
para que el error pueda cambiarse de culpable
sin sentirme culpable yo