sin ti, no puedo ser feliz.
pero contigo, no puedo ser libre.

sábado, 13 de junio de 2015

Verdad.

en una batalla interior no hay vencedor,
sólo destrozos.
y tú también estabas dentro de mi.

contarle al mundo que no estás,
es como ir presumiendo de heridas,
con la constancia de que yo puse
todos los cuchillos en su sitio,
y que tú odiabas la sangre
pero aún así decidiste mirar.

no sabía que te llamabas Esperanza,
pero has sido la última en irte.
conseguiste echar a todos mis fantasmas,
en esta casa de ruinas
llena de maldiciones y de errores cíclicos,
conseguiste aplazar la demolición
y las reformas forzadas
porque con una okupa no tenía pensado
autodestruirme.

la ausencia no es más
que la intolerancia al aire que se pudre
al pasar por un nudo en la garganta.
como el antónimo de un filtro.
he cambiado hasta la letra de mi móvil,
para ver si con está
consigo escribirte algo
con color a incendio.
(ya sabes que soy un pirómano.)
sigo durmiendo con una almohada en un lado
pero no la puedo desvestir,
y su aliento tampoco quema,
ni tiene gemidos tan jodidamente comprimidos,
y claro que no es lo mismo joder.

inversamente proporcional,
lo mucho que te quiero,
y lo poco que puedo decírtelo.
y aplicale eso
a lo de echar de menos,
que no quiero ser tan explícito,
como para que pienses
que aún me sigo insinuando.

que aún me sigue quemando.
o que es la puta verdad.

viernes, 12 de junio de 2015

Cenizas.

vengo con el baúl
de mis cenizas
a la espalda,
y un cordel que une,
mis "perdone, no me juzgue ",
arrastrando por el suelo,
como si de un trenecito de jueguete se tratara.

he traído mi laúd,
hecho de cuerdas de plomo,
las llagas de unas heridas
que quisieron levantar el mundo
un 25 de Noviembre,
y se perdieron en un empedrado,
lleno de socavones que no conducian a ningún sitio.

he traído mi realidad,
en casettes, fotos sin revelar,
y algún álbum viejo que recuerda tiempos mejores,
en los que la tierra era tierra,
y podía tocar el suelo descalzo,
sin este amasijo de vómitos,
huesos y heridas,
tatuandome los pies,
como una aguja macabra que me recuerda cada paso en falso,
y cada error del pasado.

traigo mi bote de bifásicos y barbitúricos.
la droga funciona mejor que cualquier soga.
y quiero colgarme,
y perder la sangre por las encías,
los nudillos y las heridas,
y dejar de sentir esta nada absoluta,
ese dolor indiferente,
ese silencio ensordecedor que abruma,
y hace sangrar los tímpanos,
como una soneta orquesta,
que toca en mi funeral
mi canción preferida.

tengo un ego bulimico
que aprieta mi nuez y me hunde
en la miseria.
y carcajadas de bolsillo.
¿por que no ?
estar hundido no es tan grave si sabes
que lo estás.
y si no hay salida,
mejor llevarse bien con estas putas cuatro paredes.

jueves, 4 de junio de 2015

De la cuenta.

ducharme
para sentirme limpio por fuera
porque la mierda interior no hay quien la quite.

esto de renegar de mis cimientos,
y acabar quemando el pasado,
para darle vueltas a las frases
intentando ponerle orden a mi caída
es como rendirse,
con la boca hinchada y los puños morados,
mientras tu entrenador te da palmadas
en la espalda,
y te dice que has luchado bien,
mientras el título se lo lleva otro.
es como lanzarse
sin paracaídas,
pretendiendo que salgan alas de las heridas.
como soñar despierto
pesadillas.

cruzas la vía cuando viene el tren,
y acabas acelerando el paso
por falta de huevos.
vives diciendo ser auténtico,
cuando todo el mundo dice lo mismo.
borras la palabra rendirse
de todos los libros
menos del tuyo.
convalidas medicina
curando todo lo que tocas,
pero nunca te has parado,
a rozarte a ti.
y vives,
y quieres,
con todo y sin reservas,
porque es la única manera
que te enseñó mamá.

y luego caes en la cuenta,
de que hay cosas que es mejor no contar,
de que escribir bonito es ponerle
lacitos a los cuchillos,
de que poesía es ella y su espalda desnuda,
y lo demás son vómitos de resaca,
haciendo el amago de borrarla.
de que ya podrías haber caído
en cualquier puto sitio,
que doliese menos,
donde se pudiese echar menos
de menos
de la cuenta.

y terminas,
durmiendo por inercia,
y levantándote por fuerza
(la de la costumbre),
porque tanta humedad
podría pudrir el colchón,
y te da miedo el suelo
y los monstruos que se esconden ahí.
y terminas,
si, terminas,
aunque te mueras,
terminas,
porque ya no sabes como continuar.

nunca había llorado escribiendo.
pero supongo que la primera vez
no sólo le duele a ellas.