Quise un balcón bonito del que asomarme para ver la lluvia y resulta que en tus ojos no se ven más que lágrimas. Cuando aprendí a nadar nunca me enseñaron a nadar entre reproches, así normal que me ahogues rechazando mi último beso. Aún recuerdo el eco al decir adiós, tus ojeras de leerme hasta las tantas y el sonido de tus huellas mudas cuando de mi cama te levantabas. Mis baldosas eran la mejor pista de patinaje para tus sentimientos de hielo, que deshielaban en Enero para hacerme volar con los pies en el suelo. La orquesta de tus tacones y tus canciones para enamorados, cuando tus gemidos callaban las historias estúpidas que las vecinas contaban en mi urba. De la urbe a tu cama, el recorrido diario, con las zapas gastadas y el te quiero en los labios. El anciano del puesto de rosas que me sonreía al ver mis ojos de enamorado, y me regaló tantos poemas en papeles viejos que se que aún tienes colgados. Porque los míos nunca te gustaron, con tanta destrucción, tantos miedos y tantos vasos, nunca te gusto que bebiera más droga que la saliva de tus labios, pero yo era adicto al whisky y claro.. No reconocí mis fallos, ni rechace tus abrazos cuando estaba enfadado, tampoco fueron muchos, ni tampoco fueron tan malas las cosas que nos hicimos, nos soportamos y es fue más que lo que nadie hizo. Aprendí a esconder recuerdos en las hojas de tu cuaderno aunque sabía que los quemarias antes de que llegaran a viejos, pero no me importaba, se que tus profesores me odiaban por hacer de su alumna más lista una tonta enamorada, pero que más daba, mi corazón también me reprocha ahora que no llevé cuidado y no por eso te he visto arrepentida, claro que, cuando rompes algo en añicos no hay excusa válida. Tampoco esperaba ninguna excusa tuya, ni una pega más, ni un pero menos, después de todo no fuiste la primera de los dos en decir te quiero ...Hoy me asomé al balcón y pude ver que llovía de nuevo. Quizá sea el momento de empezar de cero.
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