'So I'm never gonna dance again, the way I danced with you'
George Michel
respiro el carbón de un año malo,
el regalo de la culpa ensucia un folio blanco,
veo a la nieve abrazar al árbol,
con el susurro del viento, prometiendo, nunca es para tanto...
busco el loto, pero las hojas comienzan a encanecer,
navego sobre las órbitas del agua,
sólo giro y caigo, como una pétalo que envejece,
mis manos aferran pero el reloj nunca cambia,
todo van tan rápido cuando no te importa el tiempo,
y la semilla como un cristal, deja de formar parte,
nacen grietas entre las líneas torcidas,
siendo esa prueba indudable de que todo lo roto puede dar vida.
repaso el índice de las 4 letras de tu verbo,
consciente de que siguen siendo las mismas a pesar del tiempo,
escupo, por aquello de la suerte,
con la costumbre de odiar al azar por intentar hacerme responsable,
cre(c)er fue perder la letra y dejar de hacerlo,
con el dolor de que no duela ya,
perdiendo brillo por no poder seguir haciéndote eco,
apretando el nudo para hacer de la soga torniquete,
llorándole al alma-naque, solo.
guardo nuestra isla de la misma letra,
el viaje al centro y a la costa que nunca vimos,
las peleas con tu madre, el beso de rutina,
la vergüenza que te daba mostrar nuestras despedidas,
el rizo del sudor que nunca pudiste amansar,
¿vienes cuando salgas o vamos a por cena?
brindar al ritmo de una sit-com vieja,
la manía de comer sin hacer migas,
ser el joven y tu escondite,
inventar nuestras palabras para contarnos secretos,
entender que no lo entiendan, vivir sin gritar, riendo.
guardo las pruebas del brillo de un agujero negro,
la llama que nació ese día de buceo,
el ocho celoso de hacer nuestra su definición,
el amor del presente mirando hacia el futuro,
a los ojos y no a una dirección, por tener claro el destino.
guardo la constancia del café molido,
el calor de un beso después de celebrar de más,
la fiesta de despertar sin haber estado dormido,
las 20 h de lazo humano,
la semana de visita debajo de una sábana,
las manos confidentes que nunca daban largas,
bailar con los pulgares sobre mi lunar,
apretar si dolía y prometerse ya no más...
guardo el último poema y el más personal,
el hábito de habitarse, la canción que me enseñaste,
criticar juntos y reír las coincidencias,
las recetas que nacieron al borde de una almohada,
darte cada verso como un regalo desnudo,
reposar y sedimentar, hacerse y quererse,
aprender a enseñar mientras hacíamos presentes,
rega(la)r la vida sin pronombre y con persona,
que nunca fuese tarde si era nuestro ahora...
mentir al conjugar en pasado porque aún sigues aquí,
verme incapaz de recordar cogiendo agua con las manos,
borrar de mis ojos el color de tu secreto, ver monocromo, deshacernos,
viendo llover calle abajo todo lo que tanto defendí,
dejando mi sangre en los adoquines viejos,
verte marchar y manchar un puñal para no detenerte al hacerlo.
dejamos de ser la excepción cuando nos nacieron las reglas.
olvidar es algo muy serio, recordadlo,
no hay verdad que salve la ilusión de la mentira,
una imagen nunca es una caricia,
y el arrepiento se clava entre las costillas,
como la marca del ganado,
como el sombrero de un artista,
como la predicción de un futuro pasado,
'yo viviré recordando que olvidé'
fue otro modo de llamarlo.
ya no me laten las manos
se ha escapado el color y el magnetismo
no persigo a las flores porque ya no me quedan
no me crecen enanos porque se secó el jardín
me hago pequeño como un marchitar sucio
y la ceniza sabe amarga si no viene de tu hoguera...
ahora que te marchas esta es una carta hacia mí
he apagado el motor para sentir el frío
cuídate y por si no vuelves
cierra la herida al salir.
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