estamos cavando nuestra propia tumba,
tirando palas y palas de futuro,
cómo si nos sobrara el tiempo,
cómo si su aliento
no nos quemara la nuca,
cómo si tenerte lejos no fuera sentir
que nos estamos perdiendo
en mapas distintos,
y así a ver quién tiene cojones de encontrarse.
el insomne que sabe a poco a cualquiera,
con ojeras de atrezzo y demasiadas dudas
como para saciarlas todas,
como para responderlas todas,
porque con la garganta seca
y el sabor a sangre,
nunca se puede responder objetivamente.
busco la palabra perfecta
en el momento inadecuado,
y siempre me pilla tu ausencia,
subiendo a un Taxi,
o bajando por las Ramblas,
mientras los músicos me analizan,
y me recriminan con sus acordes,
como un cobarde que huye de la música,
y de sus propios gritos,
con unos cascos a demasiados decibelios,
y susurran con los ojos,
que por más que corra,
los recuerdos siempre serán más rápidos.
sigo ronco,
pero ya sabes que no es novedad,
el celofán no mantiene ya mi estructura,
y la mecánica cuántica,
y la tónica esdrújula,
siguen borrachas en la acera,
vomitando sus penas,
evacuando el edificio y sus alrededores,
porque cuando hay derrumbes,
lo mejor es alejarse de todos
para minimizar los daños.
quizá por eso la soledad pactada,
pero no escogida,
y los acordes tristes sobre grises pastel,
en mosaicos incompletos
con colores sin pupila,
porque no soportaría
que todos estuviesen mirándome,
mientras hago recuento de bajas,
amputaciones y heridos,
avergonzadome de los destrozos
de mis momentos de caída.
la ducha está tibia.
y escribir
siempre será como desnudar al alma,
pero sin música.
quizá por eso siempre intente,
tapar a este esqueleto,
con sonrisas de papel,
y aviones de marfil.
no vaya a ser que me pillen desnudandome,
en medio de un derrumbe.
he preparado cal para la fachada,
a ver si cuadro mejor la sonrisa,
y no se me tuerce siempre a la derecha,
como un caballo con las riendas mal puestas
que nunca se deja domar.
los médicos ya me han dado por perdido,
y mis horas de sueño están demasiado lejos,
como para apagar estas palabras rotas,
que se están extinguiendo.
todas mis estúpidas manías acababan teniendo
alguna explicación coherente.
y tú me preguntabas con los ojos de una niña,
el porqué nunca camisa,
para la hora de dormir.
será porque el frío quema,
y cuándo te quemas te sientes vivo.
y si amanezco como un muerto,
mejor quemarme entero,
cuándo me tenga que despertar.
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