ducharme
para sentirme limpio por fuera
porque la mierda interior no hay quien la quite.
esto de renegar de mis cimientos,
y acabar quemando el pasado,
para darle vueltas a las frases
intentando ponerle orden a mi caída
es como rendirse,
con la boca hinchada y los puños morados,
mientras tu entrenador te da palmadas
en la espalda,
y te dice que has luchado bien,
mientras el título se lo lleva otro.
es como lanzarse
sin paracaídas,
pretendiendo que salgan alas de las heridas.
como soñar despierto
pesadillas.
cruzas la vía cuando viene el tren,
y acabas acelerando el paso
por falta de huevos.
vives diciendo ser auténtico,
cuando todo el mundo dice lo mismo.
borras la palabra rendirse
de todos los libros
menos del tuyo.
convalidas medicina
curando todo lo que tocas,
pero nunca te has parado,
a rozarte a ti.
y vives,
y quieres,
con todo y sin reservas,
porque es la única manera
que te enseñó mamá.
y luego caes en la cuenta,
de que hay cosas que es mejor no contar,
de que escribir bonito es ponerle
lacitos a los cuchillos,
de que poesía es ella y su espalda desnuda,
y lo demás son vómitos de resaca,
haciendo el amago de borrarla.
de que ya podrías haber caído
en cualquier puto sitio,
que doliese menos,
donde se pudiese echar menos
de menos
de la cuenta.
y terminas,
durmiendo por inercia,
y levantándote por fuerza
(la de la costumbre),
porque tanta humedad
podría pudrir el colchón,
y te da miedo el suelo
y los monstruos que se esconden ahí.
y terminas,
si, terminas,
aunque te mueras,
terminas,
porque ya no sabes como continuar.
nunca había llorado escribiendo.
pero supongo que la primera vez
no sólo le duele a ellas.
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