'' Si encuentras una persona así, alguien a quien puedas abrazar
y con la que puedas cerrar los ojos a todo lo demás,
puedes considerarte muy afortunado.''
Kvothe. El nombre del viento.
me desperté viendo dos cuerpos flamígeros bailarle a la lluvia.
entre el sueño y la realidad la línea se hizo delgada,
se confundió con una duna, y con otra, y con otra,
y el desierto me abrazó en el ojo de una catástrofe con nombre de mujer.
yo no decidí el rumbo pero si el mar,
buscando acabar con la marea cerca de ti pero sin rozarte,
con la tentativa de dos imanes que se atraen con mucha fuerza
pero que quieren seguir volando sin escuchar los consejos de aterrizaje.
eras puro acero para mis dedos de grafito.
y las letras brillaban kilómetros a la redonda,
como un S.O.S. de una hoguera,
no amanezcas Sol, no nos persigas Luna
la poesía será una herida o no será
el arte será la cura con otra vocal.
la carrera se volvió pronunciada y no era yo con tu nombre,
se me escaparon las letras como a un eterno tartamudo,
las curvas se hicieron mancha, el horizonte frontera,
nos falló el para caídas por cobardes,
preferímos no saltar con tal de no darnos la mano.
como si no fuese natural que las raíces busquen al agua,
que se abra paso el verde entre el gris,
el rayo entre el cielo roto,
como si un beso no fuese un choque de trenes que asume los heridos,
como si darse cuenta no fuese mucho más triste que darse amor,
con lo fácil que era creer y no rezar,
con la confianza del que sabe sin conocer,
porque innatamente éramos y seremos...
era tan simple bajar la bandera de las despedidas
cederle terreno al corazón en esta batalla perdida
concederme ese baile donde pisarme los pies
cogiéndome con las dos manos para no sufrir el vértigo.
con las centellas de las aceras,
veo a los faros de los coches saludarse y despedirse,
pidiendo ayuda o permiso, no sé,
en esta jungla de metales oxidados y prisas recalentadas.
yo sólo me detengo y observo,
intento imaginar el dolor ajeno para no sentir el propio,
no como consuelo, si no como consecuencia,
de esa urgencia de herirse de todos los poetas.
suelto el engranaje y dejo a la montaña correr,
rechinan las maderas viejas de esta feria abandonada,
y algunos neones saludan entre el humo,
somos las ruinas de la historia más bonita de la historia.
me pongo el sombrero sobre la cara,
y cruzo los pies en esta barra que no deja de caer.
y recuerdo.
el ruido del pleno.
el reflejo de regalarte todos mis premios.
el calor de la ilusión y el olor de sal en tu verano.
el viaje más bonito sin movernos.
el teatro inverso de la butaca contigua.
todos los posibles futuros que dibujamos,
metiendo los dedos entre las nubes porque nos gustaba volar.
y ese,
pequeño y tonto detalle,
de no irte a dormir hasta que no hubiese lllegado a casa.
cierro los ojos antes del choque.
me sé ingrávido en tu ingravidez.
y mis lágrimas sonríen.
hicimos de este mundo de mierda un lugar habitable para nuestros hijos
y será y siempre es,
y siempre ha sido así,
como quiero y querré,
como necesito y lo siento,
porque es así como me gusta recordarnos.
[se que ya es tarde,
que hay oportunidades que como balas, nunca regresan.
pero sigo mirando de reojo la ventana de la puerta de mi clase,
el andén de todos los domingos.
por si algún día vienes a darles a todos una lección.
por si algún día detienes mi autobús antes de que se marche la primavera.]

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