Podría
escuchar los chapoteos hasta a 200 días de distancia. Creo que es la
víctima la que regresa a la escena del crimen cuando se enamora del
homicida, y es que hay despedidas que son un homicidio...
No
se si llovía, o estaba demasiado triste, pero las olas frías
abrazaban a mis pies como si pudiesen robar mi calor corporal. Las
huellas que había ido dejando durante toda la tarde se emborronaban
al paso de las olas, y comencé a perder la noción del tiempo y del
lugar a medida que la noche encapotaba el cielo. Ya no era más que
una estatua oxidada esperando a convertirme en polvo rojo, en una
pequeña huella dentro de esas interminables dunas. Supongo que ese
es el principio del todo, un interminable ciclo de destruir para
construir, de volver a volver a nacer, el eterno presente.
Aquel
rincón del mundo era mi rincón secreto. Todos necesitamos un
refugio dentro del huracán, una estrella donde atracar y poner a
secar los daños, y ese era el mío. Después de 4 semanas
descosiendo parches, me había decidido a volver al lugar de origen, al
regazo que me vió caer, y a buscar la respuesta donde no cabían más
preguntas.
Dos
imanes siempre son imanes, aunque sus polos se repelan, o aunque
formen una única pieza, pero siguen siendo imanes, y siguen siendo
dos. Pero esto no es así cuando se trata de personas. Hay
sentimientos que son sopletes al rojo vivo, y besos que dejan puntos
de soldadura a su paso. Nos dejamos llevar por mareas de decisiones,
de saltos y suicidos en pos de la estela de nuestra estrella fugaz.
Jugamos a ser polillas sin temer a los vatios que esconde la luz. Nos
convertimos en ciegos rodando en las 24
Heures du Mans
sin miedo a las chicanes. Y perdemos la conciencia de la unidad
inconscientemente. Qué magia esa, la del amor...
Y
yo había sido espectador en primera fila de toda clase de trucos. Me
sabía de memoria 'la promesa', 'la transformación' y 'el secreto'
de los 821 trucos en los que fui amado. Sabía de escenarios,de los
aplausos, de los ojos cristalinos que gritan de emoción, de la
satisfacción que produce llenar de magia su teatro. No hay mayor
premio para un mago que la incertidumbre reflejada en las caras de
las butacas, y ella fue una incógnita continúa para mi. Ella creía
en mis manos y yo intentaba definirla, y no necesitamos más para dar
a luz mil novelas no escritas por nosotros.
Pero
la gloria es pasajera dentro de nuestra volatilidad, y siempre llega
un tren que la seduce más que nuestro humilde vagón. Tuve que
aprender sobre espectadores con prisas, taquillas con demasiado
stock,
sonrisas frías, aplausos rotos, y telones cerrados que dejaban a su
paso un vacío silencio. Comenzamos a desplazarnos hacia el afelio y
el perihelio de la misma órbita, y las estelas se alejaban con
miedo, consumidas por la oscuridad.
Creo
que nunca sabemos marcar el principio de nuestro propio fin. Somos
abducidos por el autoconvencimiento de que todo saldrá bien.
Olvidamos el camino de llegada, la trayectoria de la caída, y sólo
nos damos cuenta de la proximidad del horizonte con la caída, cuando
en la mayoría de las ocasiones, es demasiado tarde para evitar la
catarata. Nosotros remamos como esclavos en Egipto, huyendo de la
arena sucia, del Sol abrasador de la indiferencia. Cavamos en medio
de una tormenta de arena en busca de los gestos pérdidos, de las
caricias que dejamos enfríar, de los regalos inmateriales de los que
hablan los poetas. Pero no todos los sueños se cumplen por más
velas que se apaguen, y no supe ser el arqueólogo que necesitaban
nuestras reliquias.
Fue
entonces cuando bajé de mi nube, volví al planeta en el que ambos
habíamos colisionado, al cráter del que hicimos nido. Regresé al
presente del que hablaba, y disparé mis balas de fogueo en forma de
preguntas, con el miedo del que sabe que saldrá herido. Sabía que
el pase tenía fecha de caducidad por más entradas que guardase, y
se rompió el úlitmo VHS de la tienda de antigüedades...
No
se si llovía, o estaba demasiado triste. Pero llevaba demasiado
tiempo caminando en dirección contraria sobre huellas emborronadas.
Dicen que cuando duelen las cicatrices es que va a cambiar el tiempo.
Nunca lo había comprobado, hasta que se acabaron los disparos, y
entendí que podía nacer el invierno dentro de cualquier verano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario