Título: Hoy insomniaré en tu nombre.
Condiciones: Esta noche te escribiré sencillo, absurdo, y lindo.
Cuerpo de texto:
Dicese que hay noches en la que la Luna no lagrimea al despertar. Se despereza tranquila con la cabeza nítida. Se despereza atenta a la ciudad que rueda a sus pies. Ya sabes, todo buen mecánico tiene que tener bien vigilado los compontentes de su coche, y a la Luna, de niña, le gustaba correr por autopistas celestes con estrellas suaves. Sin cantos, sin filo. Y desde entonces ha sabido vigilar a las ciudades que ruedan a sus pies, para que su coche cosmopolita nunca se detenga.
Dicese que en una de esas noches la Luna pudo leer entre luces lo que ningún poeta pudo leer entre labios. La Luna, valiente e intrépida, se atrevió con uno de tus misterios. Erre que erre, arre que arre, desnudando nudos ilicos de tu mirar, la Luna comenzó a trabajar paciente entre tú, yo, ella, y varios versos patibularios. Era difícil, puesto que eres compleja como una bomba con dos cables del mismo color. Y ya sabemos que la Luna era piloto, pero no ingeniera. Entonces, a falta de 10 segundos, 1 junio, dos personas y varios apartamentos en París y Nueva York, la Luna decidió pedirme ayuda. Como no era ingeniera, la Luna no sabía como deshace ese caminar tuyo. Te convertiste en arena de sueños y melancolía de Enero. Y un biólogo como yo sabía que para deshacer un muro de sueños arenosos, habia que darle algo de agua de mar mezclada con tu sencillez compleja. La Luna y yo trabajamos tediosos y fuertes, y ella comenzó a bailar las mareas, y yo, a conocerte. No fue fácil, pero poco a poco cedias. Y en un arrebato militar, la Luna decidió invadirte por una de las grietas de tu muro.
Dicese que la Luna nunca lloraba. Desde que abandonó al Sol para cambiarse de cielo, la Luna nunca lloraba. Pero esa noche era la excepción de la regla, como tú con las mujeres de Sol en el cabello. Y la Luna salió de ti, con una sonrisa torcida que intentaba imitar a un cuadro del Prado después de un terremoto. Y la Luna salió de ti, con lágrimas lánguidas y huyentes. Recuerdo que tartamudeaba y tuve que darle varios vasitos de te en tazas de madera bruñida hasta que pudo parar de temblar y susurrarme unas cuantas palabras de amor para mi corazón con odio.
"Tiene caos que Picasso envidaria sobre sus lienzos de hojas. Tiene ojos para mirar a la locura y que ésta le sonría, sonrojada. Tiene más cicatrices que tu espalda y algunas heridas que siguen sangrando un filo hilo de recuerdos. Y he de decir que ni un médico de la Computense sería capaz de coser heridas de aquel calibre. Pero tiene una curva entre el corazón y la razón donde juega una niña abrazapivotesdesuelo con dos esmeraldas azules con las que ver el mundo, una sonrisa cosida con ilusión, y unos zapatos oscuros de piel suave que podrían escalar el Everest en dos zancadas. También tiene un noseque que queseyo que aún me hace dudar de la teoría de la relatividad de Einstein. Por no hablar de sus pensamientos idilicos alegales, que amansan bombas atómicas como si fueran el lomo terso de un gato a punto de saltar por la ventana. Podría hablarte del cielo de su cabeza, pero como vas a entender la textura de una nube si nunca has sabido tocarla. Tiene alas de plumas y alas de risas que los angeles llorarian con tal de conseguir. Se que suena irónico, pero más de un no cuerdo como tu estaría dispuesto al suicidio para revivir en el complejo entramado de alegría que traza su rostro cuando sonríe."
Dicese que la Luna es guardiana de la noche y que allí por donde va el cielo siempre es plácidamente oscuro, teñido de reflejos pálidos moteados. Pero luego de aquella excepción de la regla, luego de aquella noche única, siempre había un pequeño amanecer allá donde iba la Luna, Tú.
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