Mierda.
Vuelven a ser las 4 de la mañana. Otra vez, por no se cuántos
amaneceres seguidos. La luna sigue escondida. Sabe que si la miro la
voy a deshacer, porque mis cenizas están tan calientes que no quiero
volverla a ver. Me retuerzo en una cama sin sábanas que ya no es
mía. Mi cama eras tú. Peor no estás. Y joder, como duele.
Mi
espalda ya está sana, no queda ni rastro de ti. Y nunca me había
sentido tan enfermo. No quiero pensar, porque podría matarme en
cualquier momento si sigo así. En la mesa del estudio siguen tus
cartas y un par de fotos. En el jarrón dejaste rosas marchitas y
lágrimas. Y en el sofá me dejaste a mi, esperándote.
Ahora
son las 4:05. Quién lo diría, me estoy muriendo, pero no me
importa. Sólo soy capaz de pensar en ti. La rutina de tu desnudez,
tus pies descalzos y tu desorden era tan yo, que ahora que no esta,
no soy. Ahora nadie desordenara mi desorden con un orden distinto al
del día anterior, para que así nunca me canse de estar desordenado.
Busco mentalmente en mis opciones. 'Asumir' está oxidado, tirado en
un rincón llamado 'olvido' donde mis recuerdos tiene prohibido el
paso. ¿Así como quieres que no me destruya, joder? Creías que ese
beso de despedida sería consuelo, y fue un eco seco que moja mis
labios aún.
¿Qué
estoy haciendo joder? Son las 4:10, y la hora se acerca. Se que está
a punto de amanecer por última vez, porque no voy a soportar otro
día sin ti. Te llamo, y no me respondes. He intentado escribirte
pero mis nudillos tienen demasiadas heridas para sujetar un boli. Ha
comenzado a llover de repente. El cielo me envía indirectas, parece
que la actuación de el bufón va a terminarse.
Son
las 4:11. O quizá las 3:11. Ya no lo se. Me estoy muriendo de nuevo,
joder. Estoy llorando. Ya no quiero respirar más. Me levanto de la
cama, y comienzo a destrozar todo lo que veo.Agarro tu foto y la
lanzo por la ventana. Mierda. Esa fue la misma ventana por la que te
suicidaste.
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