"Afiné tus cuerdas vocales estirando de tus labios hacia los míos. Notas discordantes nacían de tu boca, y descontento busqué entre las claves de tu cuerpo una melodía perfecta con la que afinar tu cuello. Tecleé tus vertebras con besos, tres arpegios y cuatro Allegros, me dije 'No no, esto está perfecto' y continué. Encontré aún menos defectos en tus claviculas, ni Stradivarius consiguió un violín más definido, con mejor sonido, mejor tacto, pequeños alaridos con cada mordisco, y como un ingeniero de sonido busqué en tu cintura algún matiz que desencuadrara mi perfecta pintura. Resvalé a tu obligo y rescaté un vinilo en su contorno, desdibujé tu figura con mi lengua y te hice eterna. Volví a tus finas costillas de marfil donde danzaban firmes mis versos, y los tatue con mi caligrafia nerviosa de creer no ser lo suficientemente bueno, pero no por ello dejaste de clavar tus uñas en mi espalda, creando surcos donde sembrar nuevas mañanas. Mi oído estaba casi satisfecho, pero no había acabado contigo, buscaba aún ese sonido secreto escondido en el anverso de la hoja. Levanté tu cuerpo, lo pegué al mío. Roce, instinto, pared, tu sexo, calor, frío. Entonces exhalaste, valiente y pequeña como sólo tú sabes ser. Gemido."
Mi día a día con mi musa. Gemido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario